Maybe Sweden (2006)

Posted in General on 30 octubre, 2010 by Monica Marful

Es curiosa la percepción que en España tenemos de Suecia en general y de los suecos en particular.

Varía mucho dependiendo de la edad de la persona que pretenda evocar la imagen de Suecia o de un súbdito de esta monarquía del norte de Europa de la que los hijos de la LOGSE sólo saben que su capital es… (esto… ¿colmo era?… ¡ah, sí!…) ¡IKEA!.

Para los seguidores de las películas de López Vázquez, los suecos no existen, sólo las suecas y son esas rubias de piernas interminables que en verano conquistaban la península ibérica y dejaban en ridículo a los pobres españolitos que con su metro sesenta y cinco y su cuerpo protegido del sol por una ingente capa de pelo se pasaban las tardes estivales persiguiendo a las susodichas, mientras sus “santas” sesteaban o jugaban a la brisca rodeadas de churumbeles pidiendo a gritos un bocata de chorizo.

Para las abuelas, los suecos son esos panecillos que combinan tan bien con el café de media tarde (¿o se referirán a los suizos?).

Para los más politizados, evoca todo un modelo de neoliberalismo. No, no tiene nada que ver con Alex Väggo o Victoria Sivstedt (probad a poner “modelo sueco” en google) ni con esa disciplina tan socorrida que algunas elevan a noble arte y que recibe el nombre de “hacerse la sueca”…

Y lo más importante de Suecia, su buque insignia, el premio Nobel… ¿o era ABBA?

En fin, para el resto de la población de 18 a 99 años, Suecia significa muebles estupendos, perfectos para rellenar una casa a bajo coste y los suecos, unas personas de mentes cuadriculadas capaces de diseñar todo el mobiliario de un salón, que éste resulte barato, bonito, funcional y que encima quepa en el coche (lo de que al descargarlo te rompa la espalda aún no lo han solucionado).

Según todo este batiburrillo que mi ignorancia sobre Suecia evoca, un sueco o sueca sería una persona con el aspecto de Victoria Sivstedt o Alex Väggo, con el legado de Albert Nobel que se alimentase de albóndigas y panecillos, condujese un robusto Volvo, se pasara el día jugando al tetris para aprender a meter un sofá de tres plazas en una caja de 120cmx75cmx30cm y sea capaz de crear un modelo político de bienestar social mientras tararea Mamma Mia, el musical.

Con estas premisas parece que los suecos son una super-raza exclusiva y muy por encima del resto de los mortales. Pero no.

He descubierto que, aunque parezca mentira, en Suecia también hay “errores”. Por extraño que parezca, también allí existe la delincuencia. ¡En Suecia también hay cacos!.

La única diferencia con los rateros made in spain es que, a los malhechores nórdicos, les han incorporado ciertas “mejoras” sólo posibles en un país…

LE ROBAN EL PORTÁTIL Y LE DEVUELVEN

UN USB CON TODOS

 

LOS ARCHIVOS

 

Maybe Sweden?

N.A.: ¡Qué majete el mangante sueco!

El aprendiz de malo

Posted in General on 12 octubre, 2010 by Monica Marful

 – Buenos días, creo que me están esperando.

 – Pues no sé, Ud. dirá…

 – A mí me han llamado y yo, pues he venido…

 – ¡Manolo! ¡Manolitoooo! que es aquí– Gritaron desde el piso de arriba, a través del hueco de la escalera.

 – ¡Antonio! ¡Amigo! Ud. disculpe, señorita – dijo Manolo muy apurado – me he equivocado de piso, mis amigos están arriba…

La joven cerró la puerta y Manuel corrió escaleras arriba. Allí estaba esperándole Antonio, su amigo, su compañero.

 – Macho, ya era hora, le dijo Antonio mientras se daban un fuerte abrazo.

 – Ya sabes, la familia, que no quería que me marchara…

 Ble, ble, ble… qué me vas a contar… a mi no había forma de que me dejaran… fíjate que le decía yo a mi hija… y ella no, papá… y yo que sí mujer, que es mejor y ella… y yo…. ¡no hija, no! Le iba explicando Antonio entre aspavientos a Manuel mientras avanzaban por el pasillo.

Y, ¿estamos ya todos?, preguntó Manuel camino del salón.

No, aún faltan unos rezagadillos, psé… ya irán llegando, total de esto no hay quien se escape jejeje. Le contestó Antonio con su habitual desparpajo.

Bueno, pues ya está aquí el recién llegado… Anunció Antonio entrando en el salón.

¡Manolito de mis entretelas!, exclamó José Luis…

El otro José Luis (en adelante J.L.), el hermano de Antonio, se levantó de su silla con gesto solemne. Buenos días don Manuel.

¡José Luis! ¡Cuántos años, chico! Claro, nos abandonaste tan pronto…

J. L. esbozó una tímida sonrisa mientras se abrazaba con Manuel que acababa de estrecharse la mano con el otro José Luis.

Pero sentaos, sentaos, no seáis tímidos…dijo Antonio. Y cuéntanos, cuéntanos, ¿Cómo van las cosas por allí abajo?

¡Uy chico, fatal! Mejor nos echamos una partidita de Mus que no está el horno para bollos… dijo torciendo el gesto Manuel.

¡Buenas taaardes, señores! espetó una femenina y conocida voz a su espalda. Manuel se volvió mientras todos se levantaban.

¡Uy, si ya está aquí el salao de Manolito! Chico, estás bárbaro… sí que te has hecho esperar… Le dijo su amiga mientras se daban un abrazo.

Bueno, pues ahora sí que ya podemos empezar, exclamó José Luis.

Y, ¿qué es lo que estáis preparando? porque con cinco aquí ya no hay Mus. Con las ganas que tenía yo de echar una partidita… Dijo Manuel entre risas.

Este es el plan, verás Manuel… ¡Ay, chico, cuéntaselo tú que a mí me da la risa flojaaa! Dijo Antonio en su inconfundible tono.

Pues si es muy sencillo, intervino José Luis, tenemos que cometer una maldad para que nos dejen salir de este muermo.

¿Cómo una maldad? Preguntó Manuel mientras Gracita le asentía con ojos de misterio.

Sí guapo, ¡que esto es más aburrido que chupar un clavo! Yo no aguanto más este tostón. Exclamó Gracita.

Pero, ¿y dónde queréis ir? Interpeló sorprendido el bueno de Manuel.

Ay, chico, pues por ahí, a montar una juerga, una jarana, un jolgorio, una charanga, una francachela… ¡de guateeeeequeeee!. Exclamó alterado José luis mientras agitaba el cuerpo. ¡Que este sopor ya no hay quien lo aguante!

Pues vosotros diréis que sois los experimentados… consintió Manuel.

J.L. comenzó a hablar…

Pues a mi se me había ocurrido… (tragó saliva)… interpretar de nuevo El aprendiz de malo y como, como, como es una canallada muy gorda pues a lo mejor los jefes se lo creen y nos echan de aquí. ¡Ya lo he dicho!

Pero… sólo interpretar la película, ¿no? Nadie saldrá dañado, me figuro…

¡Por Dios, Manuel!, que somos gamberros, ¡no delincuentes! ¡Qué bárbaro este hombre! Respondió Antonio muy solemne y afectado.

Ah, bueno, pues entonces me apunto. Pero, si mal no recuerdo, comentó Manuel, Gracita no participó.

¡Ya está el cenizo! No guapoooo, no participé porque servidora era ¡demasiado jooooven! Pero ahora sí lo haré porque además tengo experiencia en esto de la delincuencia y los crímenes organizados… como interpreté a Mata Haaaari*. Le recriminó la aludida.

Pues… ¡ya está! ¡Decidido! ¡Manos a la obra!. Exclamó muy excitado J.L. Y si esto no es suficiente, nos ponemos con Atraco a las tres, o Los Tramposos, Los que tocan el piano, Los ladrones somos gente honrada… ¡Lo que haga falta! Lo mismo da, tenemos títulos para rato…

Enseguida se pusieron a trabajar los cinco amigos. Al poco se les unieron Manolo Gómez Bur y Juanjo Menéndez y, con la impagable ayuda de Dibildos y Forqué escribieron un glorioso guión con música de Algueró que seguramente no les valdría de pasaporte para escapar del aburrido y soporífero cielo en el que todos se encuentran pero seguro que a los demás nos harían pasar un inolvidable y magnífico rato.

Como siempre.

Como antes.

Como con todo su cine.

Reparto: Manuel Alexandre, Antonio Ozores, José Luis López Vázquez, José Luis Ozores y Gracita Morales.

(* Operación Mata-Hari 1968)

Mi pequeñísimo homenaje a Manuel Alexandre (D.E.P.) y demás grandes del cine español que siguen haciendo mis delicias . No me canso de veros y “reveros”.

Luces de ciudad

Posted in General on 27 septiembre, 2010 by Monica Marful

Érase una vez una preciosa niñita de cinco años llamada Carol.

Carol podía correr y podía saltar, pero no podía oler ni saborear; podía reir y podía gritar, pero nada de olores ni sabores. Pero Carol era una niña muy feliz.

Había nacido con una enfermedad de las denominadas “raras”.  Anosmia congénita, les había dicho el médico a sus padres al nacer.

A pesar de no poder oler las cosas ni las personas ni los alimentos, Carol sabía exáctamente a qué olía y sabía cada cosa persona o alimento. De ello se habían encargado sus padres, Peter y Sandra. Cada noche jugaban con ella a “Olfatear la vida”.

Al principio, Peter y Sandra se tomaron muy mal la enfermedad de su hija, pero ahora se dan cuenta de que en un futuro no muy lejano, ser especial tal vez se convierta en una bendición…

Sandra- Venga Carol, tómate la leche y vamos a la cama.

Carol- ¿Me acuesta papi?

Peter- Sí, bichito, te acuesto yo.

Carol subió las escaleras de la mano de su padre saltando como un conejo.

C- Papi, ¿cómo huelen los conejos?

P- Lávate los dientes y luego olfateamos un poco…

Carol se lavó los dientes, agarró su almohada y se tumbó en su camita mientras su padre la arropaba.

C- ¿Cómo huelen los conejos?

P- Como las ganas de lavarse las manos.

Olfatear la vida era la forma que Peter y Sandra habían encontrado para que la pequeña asociara los olores de las cosas, las personas y los alimentos. La manera para que éstos le agradaran o le desagradaran y así no corriera peligro de ingerir nada que no pueda comerse o, por el contrario, se habituara a ciertos “manjares” infantiles como las verduras y el pescado.

Asociaban cada cosa, persona, alimento o ser vivo a un sentimiento, una vivencia o un estado de ánimo.

C- Las ganas de lavarse las manos… qué olor más raro. Y mi camita, ¿cómo huele?

P- Como un capítulo de Bob Esponja.

C- Mmmmm huele muy bien. Y la pasta de dientes, ¿cómo huelisabe?

P- A ver… pues huelisabe como el viento en la cara en una tarde que está nevando.

C- Uuuuuhhhhh, qué fresqui, fresqui… ¿Y mi perrita Gomi?

P- Como darle un achuchón.

C- ¡Halaaaaaa, qué rico huele! Y, ¿su caca?

P- ¡Puaj! Como el Sr. Smith, el cascarrabias del vecino que tira piedras a su gata cuando se enfada.

C- ¡Aj! ¡Qué mal tiene que oler! ¡Menos mal que me libro de olerlo!. jajaja.

P- ¿Ves?, no todo va a ser malo… 

C- Papi, papi ¿y yo?¿Cómo huelo yo?

P- Tú hueles como acariciar el pelo de mami, darle un achuchón a Gomi, un abrazo de la abuela y un beso de papi todo junto.

Peter se acercó le dió un beso enorme y se levantó para marcharse.

“Mmmmm sí que huelo bien”. Dijo Carol mientras se daba la vuelta en su camita. Al hacerlo se fijó en la farola que había delante de su ventana.

C- Papi, papi. Y la luces de la ciudad, ¿cómo huelen?

P- Cariño, hasta ahora no olían a nada especial, tal vez un poco a ganas de acostarse. Pero mucho me temo que tal vez a partir de ahora huelan como el Sr Smith…

VER VÍDEO – CACAS DE PERRO QUE ILUMINAN – VER VÍDEO

 

N.A.: ¡Me encanta la idea! (Siento no poder insertar directamente el vídeo)

El silencio de los corderos

Posted in General on 14 septiembre, 2010 by Monica Marful

Susan se despertó aquella soleada mañana de domingo con una terrible resaca.

Había pasado toda la noche entre copas, risas y reencuentros y lo que menos le apetecía en aquel momento era arreglarse de nuevo para la comida familiar que se celebraba aquella mañana de domingo en honor de la octogenaria y entrañable tía Gladys.

Pero tenía tantas ganas de verla…

La tía Gladys era una interesante mujer. Tía con todos los derechos y sin obligaciones. De las que miman con pasión y sin medida.

Había tenido una vida muy intensa y divertida. Estaba casada con el tío Harry que murió unos años atrás.

Les recuerdo siempre viajando con su inseparable Pepe, un precioso west highland que adoptaron en uno de sus viajes por Europa. En España, creo. De ahí su exótico nombre.

Eran cerca de las doce y la reunión comenzaba a las doce y media, debía apresurarme si quería que mis ojos y mi piel no revelaran ni un secreto de la intensa noche anterior.

No sé por qué la tía Gladys había elegido el restaurante de Brenda, no parecía el más indicado para la ocasión.

Llegué tarde y papá me echó una mirada de reproche que evité de la forma más esquiva que pude. Corrí a sentarme junto a la tía Gladys, hacía tiempo que no la veía y no iba a permitir que ninguna de mis primas me arrebatara el privilegio de escucharla en primera línea.

Me recibió con una enorme sonrisa perfectamente dibujada en rojo. Era la mujer más coqueta y elegante que había conocido. Le di un enorme abrazo y un beso de los de abuela. Me encantaba achucharla y ser su sobrina-nieta favorita.

-¿Qué te han regalado, Gladys?

“Cielo, ya sabes que es de mal gusto abrir los regalos delante de los invitados. Sólo he abierto el regalo del tío Harry. Es una maravillosa pulsera de oro y zafiros”.

– Me alegra que te haya gustado, ¡estás guapísima!.

Sí, el tío Harry había fallecido pero ella seguía comprándose regalos de su parte en cumpleaños, navidades y aniversarios. No estaba loca, sólo le echaba de menos.

Comenzamos la comida y tía Gladys me contó por qué había elegido ese restaurante entre todos los de Carolina del Norte. Dijo que se debía al silencio de los corderos.

No entendí a qué se refería. Ella me hizo levantarme y acercarme hasta la puerta. “Seguramente el murmullo del ron en tu cabeza no te ha dejado observar el cartel que preside la entrada”, me dijo guiñándome un ojo.

Fui hasta allí y al volver, entre risas le pregunté a Gladys si tanto le molestaban esas situaciones.

“Mira cielo, me dijo en su vehemente y habitual tono. Me encantan los niños, pero no soporto a los padres maleducados. Cuando estoy en un restaurante no me gusta que sus retoños griten como corderos degollados, me

estropean la conversación.

Cuando viajo en un avión no soporto que los pequeños lloren como si les fuera la vida en ello; no recuerdo cual fue la primera vez que llamé la atención a unos insoportables padres que escuchaban tranquilamente una película a través de sus auriculares mientras sus pobres criaturitas no dejaban dormir al resto del pasaje…

Hay un momento y un lugar para todo y los pequeños de maleducados padres debían tener su propio espacio, lejos de los que buscamos tranquilidad”.

-Tía, eres un poco radical, ¿no?

“No cariño, hay personas que no están preparadas para ser padres y eso no lo puede regular ninguna ley. A mi me gusta comer en un entorno agradable, descansar en una piscina sin sobresaltos, salpicaduras ni golpes de balón, dormir en un avión cuando me plazca… Tu tío y yo buscamos siempre la tranquilidad y la conseguimos la mayoría de las veces.

¿Sabías que cada vez hay más lugares idílicos en los que reina el silencio y no admiten corderitos de padres maleducados?

Recuerdo la primera vez que fui a un hotel “free child”. Fue en Fiji y resultó tan relajante… Deberías probarlos”.

Fue una comida memorable, tranquila, sin gritos ni sobresaltos.

La tía Gladys nos deleitó con sus anécdotas y todos los corderos se mantuvieron silenciosos en el redil.

Por supuesto que en el restaurante había niños, pero todos los padres estaban muy bien educados…

Evasión o victoria

Posted in General on 1 septiembre, 2010 by Monica Marful

Mis pesados párpados luchan por permanecer sesteando mientras mi garganta y mis labios, desesperados, les piden a gritos que apuren, que se levanten, que no se demoren, que permitan a mis ojos vislumbrar el camino que guíe a mis piernas allá donde mis brazos puedan acercar a  mis manos hasta la botella de agua fría que descansa ajena en el interior de la nevera y saciar así la tremenda sed de una pesada siesta de arroz, sol y tinto de verano.

Otra larga, cálida y añorada tarde de asueto y la cocina está tan lejos…

Mi cerebro, recalentado durante un reposo no programado a la brisa del Mediterráneo, tal vez animado por el murmullo que llega desde la radio que, incansable como cada domingo, se empeña en informarme de los goles, resultados, faltas, tarjetas y expulsiones, recuerda imágenes inconexas de Sylvester Stallone y Michael Caine luchando por su vida, su libertad, su honor…

Evasión o victoria, recuerdo el título de la vieja película.

Me gustó.

Quiero volver a verla.

Evasión o victoria. ¿Es que acaso es preciso elegir?

No para mí, no en este momento en el que, tras un verano evadida de mí misma, metida de lleno en otro papel, me encuentro saboreando el triunfo y recogiendo el premio de tremenda evasión: este merecido descanso.

Mi larga evasión ha supuesto una victoria.

Esbozo una sonrisa aún en la tumbona, mis párpados deciden hacer oídos sordos y continuar cerrados, mi garganta traga saliva consciente de que de momento no conseguirá nada más refrescante; mi lengua echa un cable a los labios y los humedece. Mi cuerpo se acomoda, suspiro y, adormecida por el lujo de una tarde de septiembre bañada por el sol, vuelvo a saborear el dulce momento de mi evasión y mi victoria.

¡De vuelta en mí!

Algo para recordar

Posted in General on 16 junio, 2010 by Monica Marful

 

Está claro que el hambre agudiza el ingenio.

Alguien muy cercano y querido al que hemos perdido recientemente lo sabía muy bien.

Era un hombre poco leído e ilustrado pero con la sabiduría de quien lleva mucho mundo, mucha calle y toneladas de picardía en el petate.

Cada día nos sorprendía con historias de la vida que narraba con inigualable gracia y desparpajo.

Ayer, mientras el hambre agudizaba nuestro ingenio, le recordamos de nuevo a él y uno de sus incontables relatos.

“Pues fíjate que uno de los platos que más me han gustado nunca ha sido los Riñones a la Pala”, decía.

Según sus indicaciones esta sería la receta con ingredientes para dos personas: se abren los riñoncitos a la mitad, se limpian muy bien, se salpimentan y se reservan mientras calentamos a fuego lento de hoguera, preferiblemente encendida con ramas de olivo viejo, la Pala (previamente limpia de cualquier residuo que pueda contener)”.

Para los que no estéis familiarizados con los utensilios de la alta cocina os aclaro que “la pala” la podéis encontrar fácilmente en cualquier almacén de materiales de construcción o bien en la sección de jardinería del Leroy Merlin.

Ayer, mientras ejercíamos nuestro derecho de ser todo aquello que no podamos pagar para que nos hagan (gracias ZP por tan enriquecedor legado), descubrimos un nuevo y suculento plato que no tiene nada que envidiar a los famosos Riñones a la Pala que los obreros se cocinaban a fuego lento en las obras en épocas de crisis, la Fabada al Soplete.

Ante un bote de fabada frío, sin cocina, sin suministro eléctrico y sin la colaboración del camping-gas que se negaba a participar en el proceso, el hambre de un día de trabajo a las cuatro de la tarde nos hizo recurrir al ingenio, agudizándolo y descubriendo un nuevo manjar.

Mientras yo, la pinche de cocina habitual, pintora de brocha gorda obligada y ayudante de fontanería esporádica sostenía la cazuela que contenía la fabada de bote, el chef profesional, fontanero por necesidad, albañil con recursos, jardinero ocasional y MacGyver por don divino encendía el soplete y aplicaba la llama con mimo a la base de la cazuela y entre risas, sonrisas y añoranza concluimos que ese, sin duda constituiría uno de nuestros momentos para recordar. 

A fin de cuentas esa es la riqueza de mi vida, hace veinte días estaba cenando en el más lujoso restaurante de Las Vegas, en la terraza del Prime Steakhouse del hotel Bellagio, en primera fila, disfrutando del inigualable y estremecedor espectáculo de las fuentes que bailaban al son que Andrea Bocelli les marcaba y hoy, me sorprendo cubierta de yeso y buscando un mechero para encender el soplete… C’est la vie!

Pues la Fabada me supo a gloria, aunque mentiría si dijera que tanto como aquel filet mignon de fuentes, lujo y espectáculo. De lo que no hay duda es de que ambos constituyen un suculento legado para mi memoria, las dos ocasiones serán algo para recordar.

P.D. Por culpa de mis nuevas “profesiones” y quehaceres tardaré un poquito más de lo habitual en actualizar mis entradas. Muchas gracias a todos por entenderlo y seguir ahí.

Conspiración

Posted in General on 4 junio, 2010 by Monica Marful

 

Encarna no cesó de hablar desde el momento mismo que atravesé la puerta de su establecimiento.

A pesar de hacer más de un año que no nos veíamos me saludó como si hubiésemos estado juntas el jueves pasado.

Mientras esperaba a que tuviera preparada la mezcla decolorativa de mis mechas me avanzaba a paso ligero el estado de la nación.

Llevaba un año fuera de España y en cinco minutos me puso al día de la rebaja y congelación de los sueldos de los funcionarios, de la muerte de Ángel Cristo, del resultado de la liga…

De nada servía intentar ahogar su cascada de frases para recordarle que no me había ido a Marte, que tenía acceso a la prensa española, ella seguía explicándome que a este paso íbamos a superar con creces los cinco millones de parados, que subían el I.V.A. y otros impuestos, que la gente tenía miedo y que Alemania había ganado el festival de Eurovisión.

¡Y yo que pensaba que en las peluquerías sólo se hablaba de asuntos del corazón! Claro que tal como está el país, el estado de la nación es casi un tema de prensa rosa.

Respiró un segundo y en un intento por escabullirme de su retórica, aproveché para preguntarle si tenía una revista.

Me acercó el último Hola, en su portada aparecía Lolita Flores ajena a la crisis del resto de los mortales. O quizá no, tal vez estuviera intentando paliar la suya propia con el cobro de una exclusiva de última hora, “que el verano ya está aquí y hay que mantener a los hosteleros marbellíes”. Eso me comentó Encarna.

De nada sirvió mi estrategia para intentar huir de su incesante charla politico-económica-social con trazas de corazón podrido ya que ella pasó a comentar cada foto que había en el aburridísimo medio.

Cuando cayó en la cuenta de mis monosilábicas respuestas cambió de tercio. Dejó a un lado los temas generales y optó por entrar en particularidades relatándome por enésima vez en este siglo el drama de su separación y lo capullo que era su ex y lo poquísimo que se ocupaba de los niños.

Y todavía le quedaba media cabeza por decolorarme…

Dejé la revista sobre la repisa que tenía ante mí con la certeza de tener la batalla perdida.

Me resigné, abrí mis orejas y fijé los ojos en ella a través del espejo que tenía delante.

A algunos les van los museos, a mí las peluquerías.

No hay muchas cosas en las que me considere experta, pero si de algo estoy segura es de que tengo mucha información sobre salones de belleza a lo largo y ancho del globo: Santo Domingo, NY, Las Vegas, Chicago, San Juan de Puerto Rico, Ciudad de Panamá, San José de Costa Rica, Cádiz, Málaga, Murcia, Santander, Madrid… y por supuesto París.

Existen muchas diferencias entre las atenciones que recibes dependiendo del lugar en el que te encuentres, pero hay una constante: a los peluqueros les gusta hablar.

Mientras Encarna no cesaba en su catarata de información, muy variada por cierto, dejé mi mente en off y empezó a volar mi imaginación. Entonces caí en la cuenta.

Aquello no era fortuíto, no podía haber nadie a quien le gustara tanto hablar durante tantas horas. Y me acordé de la “Teoría de la Conspiración” que tan de moda está en estos tiempos de cenizas volcánicas.

Mi peluquera estaba en el ajo. Sin duda.

Mientras ella insistía en su parloteante actitud, comprendí que la de los estilistas no es una verborrea sin sentido ni justificación. ¡Es toda una conspiración a nivel mundial!

Nota mental: debería estudiar el tema, podría ser interesante.

Comenzaré por investigar el efecto que el papel aluminio ejerce sobre nuestros cerebros al envolvernos en él la cabeza como si de un exquisito bocata de jamón se tratase. Las ondas cerebrales son muy potentes. Sí, ese será el comienzo…

Después trazaré un plan para destapar su estrategia de poderes judeo-masónicos con tintes de caballeros templarios y asesinatos de presidentes, el endeudamiento virtual de los gobiernos, los accidentes de avión inexplicables, la deuda inventada y creada de la nada…

Seguro que también están metidos en el Área 51. ¡Claro! De los extraterrestres aprendieron las técnicas persuasivas para conseguir no sólo que no les denuncies por lo que hacen con tu imagen si no que encima vuelvas a reincidir en el plazo más breve posible… ¿Masoquismo o inercia?

Y ¿qué decir sobre los aparatos que utilizan? Sin duda son instrumentos de tortura camuflados…

Sin duda tienen acceso a información privilegiada dada la cercanía que mantienen con los líderes mundiales. Los peluqueros son de las pocas personas con acceso a sus estancias…

“Hala guapa, ya estás”. Espetó la peluquera sin ninguna consideración sacándome de un plumazo de mi ensimismamiento conspirativo.

Y allí me quedé yo con la cabeza echa un lio y el pelo amarillo pollo.

Me levanté de la silla aturdida, quizá por tantas horas de tintes, microondas, lavados y secadores o quizá por las profesionales manipulaciones mentales de la peluquera-conspiradora.

Sea como sea, mientras pagaba mi deuda, me hice la última anotación mental: no olvidar investigar las tácticas de distracción aplicadas sobre el enemigo-cliente. Son propia de estamentos militares y probablemente las utilizan para evitar que el sujeto se fije en la evolución de su aspecto hasta que sea ya demasiado tarde. Su mente está tan manipulada y aturdida que no pueden pensar con claridad.

Continuará…

O no, si soy descubierta y mis investigaciones, destruídas.

Ya sabéis que los conspiradores, sean peluqueros o no tienden a cortar por lo sano.