Conspiración

 

Encarna no cesó de hablar desde el momento mismo que atravesé la puerta de su establecimiento.

A pesar de hacer más de un año que no nos veíamos me saludó como si hubiésemos estado juntas el jueves pasado.

Mientras esperaba a que tuviera preparada la mezcla decolorativa de mis mechas me avanzaba a paso ligero el estado de la nación.

Llevaba un año fuera de España y en cinco minutos me puso al día de la rebaja y congelación de los sueldos de los funcionarios, de la muerte de Ángel Cristo, del resultado de la liga…

De nada servía intentar ahogar su cascada de frases para recordarle que no me había ido a Marte, que tenía acceso a la prensa española, ella seguía explicándome que a este paso íbamos a superar con creces los cinco millones de parados, que subían el I.V.A. y otros impuestos, que la gente tenía miedo y que Alemania había ganado el festival de Eurovisión.

¡Y yo que pensaba que en las peluquerías sólo se hablaba de asuntos del corazón! Claro que tal como está el país, el estado de la nación es casi un tema de prensa rosa.

Respiró un segundo y en un intento por escabullirme de su retórica, aproveché para preguntarle si tenía una revista.

Me acercó el último Hola, en su portada aparecía Lolita Flores ajena a la crisis del resto de los mortales. O quizá no, tal vez estuviera intentando paliar la suya propia con el cobro de una exclusiva de última hora, “que el verano ya está aquí y hay que mantener a los hosteleros marbellíes”. Eso me comentó Encarna.

De nada sirvió mi estrategia para intentar huir de su incesante charla politico-económica-social con trazas de corazón podrido ya que ella pasó a comentar cada foto que había en el aburridísimo medio.

Cuando cayó en la cuenta de mis monosilábicas respuestas cambió de tercio. Dejó a un lado los temas generales y optó por entrar en particularidades relatándome por enésima vez en este siglo el drama de su separación y lo capullo que era su ex y lo poquísimo que se ocupaba de los niños.

Y todavía le quedaba media cabeza por decolorarme…

Dejé la revista sobre la repisa que tenía ante mí con la certeza de tener la batalla perdida.

Me resigné, abrí mis orejas y fijé los ojos en ella a través del espejo que tenía delante.

A algunos les van los museos, a mí las peluquerías.

No hay muchas cosas en las que me considere experta, pero si de algo estoy segura es de que tengo mucha información sobre salones de belleza a lo largo y ancho del globo: Santo Domingo, NY, Las Vegas, Chicago, San Juan de Puerto Rico, Ciudad de Panamá, San José de Costa Rica, Cádiz, Málaga, Murcia, Santander, Madrid… y por supuesto París.

Existen muchas diferencias entre las atenciones que recibes dependiendo del lugar en el que te encuentres, pero hay una constante: a los peluqueros les gusta hablar.

Mientras Encarna no cesaba en su catarata de información, muy variada por cierto, dejé mi mente en off y empezó a volar mi imaginación. Entonces caí en la cuenta.

Aquello no era fortuíto, no podía haber nadie a quien le gustara tanto hablar durante tantas horas. Y me acordé de la “Teoría de la Conspiración” que tan de moda está en estos tiempos de cenizas volcánicas.

Mi peluquera estaba en el ajo. Sin duda.

Mientras ella insistía en su parloteante actitud, comprendí que la de los estilistas no es una verborrea sin sentido ni justificación. ¡Es toda una conspiración a nivel mundial!

Nota mental: debería estudiar el tema, podría ser interesante.

Comenzaré por investigar el efecto que el papel aluminio ejerce sobre nuestros cerebros al envolvernos en él la cabeza como si de un exquisito bocata de jamón se tratase. Las ondas cerebrales son muy potentes. Sí, ese será el comienzo…

Después trazaré un plan para destapar su estrategia de poderes judeo-masónicos con tintes de caballeros templarios y asesinatos de presidentes, el endeudamiento virtual de los gobiernos, los accidentes de avión inexplicables, la deuda inventada y creada de la nada…

Seguro que también están metidos en el Área 51. ¡Claro! De los extraterrestres aprendieron las técnicas persuasivas para conseguir no sólo que no les denuncies por lo que hacen con tu imagen si no que encima vuelvas a reincidir en el plazo más breve posible… ¿Masoquismo o inercia?

Y ¿qué decir sobre los aparatos que utilizan? Sin duda son instrumentos de tortura camuflados…

Sin duda tienen acceso a información privilegiada dada la cercanía que mantienen con los líderes mundiales. Los peluqueros son de las pocas personas con acceso a sus estancias…

“Hala guapa, ya estás”. Espetó la peluquera sin ninguna consideración sacándome de un plumazo de mi ensimismamiento conspirativo.

Y allí me quedé yo con la cabeza echa un lio y el pelo amarillo pollo.

Me levanté de la silla aturdida, quizá por tantas horas de tintes, microondas, lavados y secadores o quizá por las profesionales manipulaciones mentales de la peluquera-conspiradora.

Sea como sea, mientras pagaba mi deuda, me hice la última anotación mental: no olvidar investigar las tácticas de distracción aplicadas sobre el enemigo-cliente. Son propia de estamentos militares y probablemente las utilizan para evitar que el sujeto se fije en la evolución de su aspecto hasta que sea ya demasiado tarde. Su mente está tan manipulada y aturdida que no pueden pensar con claridad.

Continuará…

O no, si soy descubierta y mis investigaciones, destruídas.

Ya sabéis que los conspiradores, sean peluqueros o no tienden a cortar por lo sano.

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8 comentarios to “Conspiración”

  1. Es cierto que estilistas, peluqueros, masajistas, entrenadores personales, peluqueros y manicuras hacen las veces de psiquiatra por un lado y de voceadores por otro. La peluquería es como una iglesia, un lugar en el que atiendes al predicador-a o te confiesas, pero un lugar de conspiración al fin y al cabo. jajaja La de tramas que se habrán urdido en sus salones…
    Espero que sigas investigando, yo, por mi parte, te guardaré el secreto.

  2. jajaja, gracias!! De momento no me han descubierto… Seguro que algún que otro plan ha salido de esas charlas kafkianas de salón.
    Un poco paranoica me ha quedado esta entrada pero es que odio que me hablen en la pelu, la próxima vez me colgaré del cuello un cartel de NO MOLESTAR.
    Besos!

  3. jajaja, auténticos aparatos de tortura. es verdad, a saber lo que pretenden con tanto papel de plata sobre nuestras cabezas… por cierto me encantó el post de Elvis pero no pude comentar. Te quedó precioso!!!!!!!
    Bss

  4. Gracias María, eres un sol. Cuidadín con lo que largas en la pelu que tú tienes mucho peligro… 😉
    Besos!

  5. Por cierto María, pincha en el enlace del regalito del viernes que te va a gustar (en la columna derecha)

  6. Estoy totalmente de acuerdo. Llevaba preocupada por este tema desde hace tiempo.
    Si te sirve para tu investigación, mi peluquero (solo llevo con el 4 meses) cada vez que voy, suspicazmente, me interroga para saber cual es mi salario y mi profesión.
    Hasta ahora estoy a salvo, he conseguido mantener en secreto mi trabajo para el FBI y por supuesto mi SALARIO, pero no sé si podría resistirme a sus interrogatorios con el papel de plata… aghhh
    Por favor, sigue con la investigación. Esta información es de vital importancia para muchas de nosotras.
    También sospecho de la fisioterapeuta, yo solo quiero un masaje relajante mientras ella me estruja la espalda y pregunta… es difícil resistirse a contarle lo que quiera. Esta técnica debió aprenderla en Vietnam.
    Besos

    • Me alegra saber que no estoy sola y que somos muchos los rebeldes…
      No te dejes intimidar por sus persuasivos métodos y sí, los fisios son parte importante de la conspiración.
      Seguiré informándo sobre mis avances…
      ¡Aguanta amiga!
      😀
      Me encanta verte por aquí!!! Un besazo!!!

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