Archivo para junio, 2010

Algo para recordar

Posted in General on 16 junio, 2010 by Monica Marful

 

Está claro que el hambre agudiza el ingenio.

Alguien muy cercano y querido al que hemos perdido recientemente lo sabía muy bien.

Era un hombre poco leído e ilustrado pero con la sabiduría de quien lleva mucho mundo, mucha calle y toneladas de picardía en el petate.

Cada día nos sorprendía con historias de la vida que narraba con inigualable gracia y desparpajo.

Ayer, mientras el hambre agudizaba nuestro ingenio, le recordamos de nuevo a él y uno de sus incontables relatos.

“Pues fíjate que uno de los platos que más me han gustado nunca ha sido los Riñones a la Pala”, decía.

Según sus indicaciones esta sería la receta con ingredientes para dos personas: se abren los riñoncitos a la mitad, se limpian muy bien, se salpimentan y se reservan mientras calentamos a fuego lento de hoguera, preferiblemente encendida con ramas de olivo viejo, la Pala (previamente limpia de cualquier residuo que pueda contener)”.

Para los que no estéis familiarizados con los utensilios de la alta cocina os aclaro que “la pala” la podéis encontrar fácilmente en cualquier almacén de materiales de construcción o bien en la sección de jardinería del Leroy Merlin.

Ayer, mientras ejercíamos nuestro derecho de ser todo aquello que no podamos pagar para que nos hagan (gracias ZP por tan enriquecedor legado), descubrimos un nuevo y suculento plato que no tiene nada que envidiar a los famosos Riñones a la Pala que los obreros se cocinaban a fuego lento en las obras en épocas de crisis, la Fabada al Soplete.

Ante un bote de fabada frío, sin cocina, sin suministro eléctrico y sin la colaboración del camping-gas que se negaba a participar en el proceso, el hambre de un día de trabajo a las cuatro de la tarde nos hizo recurrir al ingenio, agudizándolo y descubriendo un nuevo manjar.

Mientras yo, la pinche de cocina habitual, pintora de brocha gorda obligada y ayudante de fontanería esporádica sostenía la cazuela que contenía la fabada de bote, el chef profesional, fontanero por necesidad, albañil con recursos, jardinero ocasional y MacGyver por don divino encendía el soplete y aplicaba la llama con mimo a la base de la cazuela y entre risas, sonrisas y añoranza concluimos que ese, sin duda constituiría uno de nuestros momentos para recordar. 

A fin de cuentas esa es la riqueza de mi vida, hace veinte días estaba cenando en el más lujoso restaurante de Las Vegas, en la terraza del Prime Steakhouse del hotel Bellagio, en primera fila, disfrutando del inigualable y estremecedor espectáculo de las fuentes que bailaban al son que Andrea Bocelli les marcaba y hoy, me sorprendo cubierta de yeso y buscando un mechero para encender el soplete… C’est la vie!

Pues la Fabada me supo a gloria, aunque mentiría si dijera que tanto como aquel filet mignon de fuentes, lujo y espectáculo. De lo que no hay duda es de que ambos constituyen un suculento legado para mi memoria, las dos ocasiones serán algo para recordar.

P.D. Por culpa de mis nuevas “profesiones” y quehaceres tardaré un poquito más de lo habitual en actualizar mis entradas. Muchas gracias a todos por entenderlo y seguir ahí.

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Conspiración

Posted in General on 4 junio, 2010 by Monica Marful

 

Encarna no cesó de hablar desde el momento mismo que atravesé la puerta de su establecimiento.

A pesar de hacer más de un año que no nos veíamos me saludó como si hubiésemos estado juntas el jueves pasado.

Mientras esperaba a que tuviera preparada la mezcla decolorativa de mis mechas me avanzaba a paso ligero el estado de la nación.

Llevaba un año fuera de España y en cinco minutos me puso al día de la rebaja y congelación de los sueldos de los funcionarios, de la muerte de Ángel Cristo, del resultado de la liga…

De nada servía intentar ahogar su cascada de frases para recordarle que no me había ido a Marte, que tenía acceso a la prensa española, ella seguía explicándome que a este paso íbamos a superar con creces los cinco millones de parados, que subían el I.V.A. y otros impuestos, que la gente tenía miedo y que Alemania había ganado el festival de Eurovisión.

¡Y yo que pensaba que en las peluquerías sólo se hablaba de asuntos del corazón! Claro que tal como está el país, el estado de la nación es casi un tema de prensa rosa.

Respiró un segundo y en un intento por escabullirme de su retórica, aproveché para preguntarle si tenía una revista.

Me acercó el último Hola, en su portada aparecía Lolita Flores ajena a la crisis del resto de los mortales. O quizá no, tal vez estuviera intentando paliar la suya propia con el cobro de una exclusiva de última hora, “que el verano ya está aquí y hay que mantener a los hosteleros marbellíes”. Eso me comentó Encarna.

De nada sirvió mi estrategia para intentar huir de su incesante charla politico-económica-social con trazas de corazón podrido ya que ella pasó a comentar cada foto que había en el aburridísimo medio.

Cuando cayó en la cuenta de mis monosilábicas respuestas cambió de tercio. Dejó a un lado los temas generales y optó por entrar en particularidades relatándome por enésima vez en este siglo el drama de su separación y lo capullo que era su ex y lo poquísimo que se ocupaba de los niños.

Y todavía le quedaba media cabeza por decolorarme…

Dejé la revista sobre la repisa que tenía ante mí con la certeza de tener la batalla perdida.

Me resigné, abrí mis orejas y fijé los ojos en ella a través del espejo que tenía delante.

A algunos les van los museos, a mí las peluquerías.

No hay muchas cosas en las que me considere experta, pero si de algo estoy segura es de que tengo mucha información sobre salones de belleza a lo largo y ancho del globo: Santo Domingo, NY, Las Vegas, Chicago, San Juan de Puerto Rico, Ciudad de Panamá, San José de Costa Rica, Cádiz, Málaga, Murcia, Santander, Madrid… y por supuesto París.

Existen muchas diferencias entre las atenciones que recibes dependiendo del lugar en el que te encuentres, pero hay una constante: a los peluqueros les gusta hablar.

Mientras Encarna no cesaba en su catarata de información, muy variada por cierto, dejé mi mente en off y empezó a volar mi imaginación. Entonces caí en la cuenta.

Aquello no era fortuíto, no podía haber nadie a quien le gustara tanto hablar durante tantas horas. Y me acordé de la “Teoría de la Conspiración” que tan de moda está en estos tiempos de cenizas volcánicas.

Mi peluquera estaba en el ajo. Sin duda.

Mientras ella insistía en su parloteante actitud, comprendí que la de los estilistas no es una verborrea sin sentido ni justificación. ¡Es toda una conspiración a nivel mundial!

Nota mental: debería estudiar el tema, podría ser interesante.

Comenzaré por investigar el efecto que el papel aluminio ejerce sobre nuestros cerebros al envolvernos en él la cabeza como si de un exquisito bocata de jamón se tratase. Las ondas cerebrales son muy potentes. Sí, ese será el comienzo…

Después trazaré un plan para destapar su estrategia de poderes judeo-masónicos con tintes de caballeros templarios y asesinatos de presidentes, el endeudamiento virtual de los gobiernos, los accidentes de avión inexplicables, la deuda inventada y creada de la nada…

Seguro que también están metidos en el Área 51. ¡Claro! De los extraterrestres aprendieron las técnicas persuasivas para conseguir no sólo que no les denuncies por lo que hacen con tu imagen si no que encima vuelvas a reincidir en el plazo más breve posible… ¿Masoquismo o inercia?

Y ¿qué decir sobre los aparatos que utilizan? Sin duda son instrumentos de tortura camuflados…

Sin duda tienen acceso a información privilegiada dada la cercanía que mantienen con los líderes mundiales. Los peluqueros son de las pocas personas con acceso a sus estancias…

“Hala guapa, ya estás”. Espetó la peluquera sin ninguna consideración sacándome de un plumazo de mi ensimismamiento conspirativo.

Y allí me quedé yo con la cabeza echa un lio y el pelo amarillo pollo.

Me levanté de la silla aturdida, quizá por tantas horas de tintes, microondas, lavados y secadores o quizá por las profesionales manipulaciones mentales de la peluquera-conspiradora.

Sea como sea, mientras pagaba mi deuda, me hice la última anotación mental: no olvidar investigar las tácticas de distracción aplicadas sobre el enemigo-cliente. Son propia de estamentos militares y probablemente las utilizan para evitar que el sujeto se fije en la evolución de su aspecto hasta que sea ya demasiado tarde. Su mente está tan manipulada y aturdida que no pueden pensar con claridad.

Continuará…

O no, si soy descubierta y mis investigaciones, destruídas.

Ya sabéis que los conspiradores, sean peluqueros o no tienden a cortar por lo sano.