Archivos para mayo, 2010

Follow that dream

Posted in General on 20 mayo, 2010 by Monica Marful

Cuando Martina se levantó esa mañana estaba tan desganada que no quiso apenas desayunar.

Era el primer día de cole después del verano y le horrorizaba la idea de ponerse otra vez el uniforme tras un eterno recreo de bañadores, playa y chancletas. Aunque los últimos días había tenido que vestirse con vaqueros y una chaqueta porque como decía su abuela, “empezaba a refrescar”.

Ahora estaba sentada en clase, en su nueva aula. Mientras miraba alrededor familiarizándose con las paredes de su nuevo espacio, la señorita les mandó hacer una redacción sobre el verano.

Parece que la seño tampoco tenía muchas ganas de trabajar, pensó Martina.

Sacó su nuevo cuaderno de la mochila de Camp Rock. Eso sí le gustaba de la vuelta al cole, estrenar cuaderno. Abrir la tapa y darle la vuelta a la espiral encontrándose con una hoja de cuadritos azules recién planchada. No tenía ni una arruga. Como las camisas de papá.

La seño dijo que tenía que titularse “La aventura de mi veraneo”, a ella le pareció una tontería y lo tituló:

 “La casa del rey”

Este verano he estado en la casa del Rey. Fuimos porque mi madre, que está casada con mi padre, dice que el Rey es el gran amor de su vida y papá se ríe y le dice que no le importa, que es normal que las chicas se enamoren de los príncipes. Pero él no es príncipe, es rey.

Cogimos dos aviones y tardamos muchas horas en llegar al palacio del rey. Mamá estaba muy feliz y no dejaba de sonreir y de dar besos a papá que se dejaba.

Cuando llegamos había mucha gente que iba a ver al rey y nos subieron a todos a un autobús y nos acercaron hasta la puerta del palacio. Yo le pregunté a mamá si podía darle una carta para pedirle un deseo y ella me contó que no era esa clase de rey, que no era mago y que además él no estaba, sólo íbamos a visitar su casa.

A mí me pareció muy raro que hiciéramos un viaje tan largo para ver al rey y llegar justo cuando se ha ido de vacaciones. Pero luego mamá me contó que el rey había muerto hacía muchos años y que sólo íbamos a ver dónde vivía. Fue como cuando fuimos a Disney World, que visité el castillo de Cenicienta pero ella no estaba ya allí.

Cuando llegamos al palacio me quedé parada en la puerta mirándolo. Mamá me cogió de la mano y me dijo que había que entrar.

A mí me pareció que eso no era un palacio.

Se parecía a la casa de campo de los abuelos pero más pequeña. Es raro que un rey viva en una casa pequeña.

Cenicienta tenía un castillo para ella sola y por la noche tiraban fuegos artificiales.

Me parece que este rey no era tan rico como Cenicienta. Pero cantaba muy bien. Cenicienta no.

No tuvimos que llamar a la puerta porque estaba abierta y había mucha gente, yo le pregunté a mamá si el rey vivía con toda esa gente pero me dijo que el rey ya no vivía allí. Ni nadie. Que no vivía nadie en esa casa. Qué raro.

Entramos por la puerta y yo me quité los auriculares porque había un señor que hablaba como los entrenadores de fútbol y que nos contaba lo que estábamos viendo y yo me aburría. Papá me dijo que era Argentino pero a mí me parece que se equivocó porque hablaba español.

La casa del rey es como la de las personas normales, tiene un salón, un baño dentro de una habitación, igual que el de mis padres, la cocina y una tele. Una muy vieja. Más vieja que la de los abuelos.

Dimos un paseo por la casa del rey que no se parecía en nada a un palacio. No era como el de Cenicienta. Pasamos por las habitaciones pero no nos dejaban entrar en ellas, sólo asomarnos desde la puerta porque había una cuerda que no se podía saltar. Yo estaba un poco aburrida, pero mamá no dejaba de hacer fotos. Hasta le hizo una foto a una foto en la que salía el rey cuando era pequeño. A mí me pareció raro hacerle una foto a otra foto pero a mamá le gustó.

Luego bajamos unas escaleras muy estrechas y entonces llegamos a una habitación que sí parecía la de un rey. Era la habitación del rey de la selva porque el suelo y el techo eran como el del parque, de césped. Pero mamá me dijo que era césped de mentira. A mí me pareció todo muy raro porque era todo de mentira, era la casa de un rey pero no era un palacio, era una casa pero nadie vivía en ella, era la habitación jungla pero no había leones… A mí me gustó más Animal Kingdom cuando estuvimos en Disney World. Allí los animales eran de verdad y el césped también. Pero era la habitación más bonita. Había sillones con forma de monos y lámparas con forma de osos y plantas y hasta una cascada.

Después pasamos por unas habitaciones llenas llenas de discos y fotos y trajes. Mamá me dijo que eran todos los premios que le habían dado al rey. Era un rey que tenía mucha suerte porque tenía muchos premios. A mi abuelo le dieron también un premio. En el ejército, pero no era un disco. Me gustan mucho los trajes. Para Halloween le he dicho a mamá que quiero disfrazarme como el rey.

Luego salimos a la calle y ya sí me gustó porque había caballos y una valla blanca y una piscina. Y eso fue lo más raro. Las piscinas de los reyes no se parecen a las de las personas normales. Las casas sí pero las piscinas no. En la piscina de mi casa tenemos unas tumbonas, el cenador, la barbacoa y la caseta de la depuradora pero en las casas de los reyes junto a la piscina tienen una virgen como la de la capilla del colegio y en el suelo tienen piedras con nombres escritos. Le pregunté a mamá que porqué escribían los nombres en el suelo y ella me dijo que cuando Elvis se murió le enterraron allí en su casa.

Jimena también enterró a su gata en el jardín para que estuviera cerca de la familia. A mí me parece que al rey le hubiera gustado más que le enterraran en la habitación jungla porque se estaba más fresquito y había monos, aunque fueran de mentira. En la piscina daba mucho sol y hacía mucho calor y él ya no se podría bañar. No me gustan las piscinas de los palacios porque tienen tumbas al sol.

Y luego ya se acabó y mamá compró muchas cosas en la tienda de regalos y volvimos al hotel.

A mí me gustó más cuando fuimos a Disney World en semana santa y papá y mamá se montaron en todas las montañas rusas de mayores. Pero me ha gustado visitar la casa del rey en Graceland porque a mamá le gustó mucho y era su sueño y la abuela siempre me dice que hay que seguir los sueños.

Tacones Lejanos

Posted in General on 10 mayo, 2010 by Monica Marful

No tengo zapatos planos.

Ni un solo par.

Cero.

Os parecerá extraño, pero dentro de mi inmenso surtido de zapatos no existe ni uno solo con menos de 8cm de tacón (los más altos tienen 15).

Sólo las tímidas Reebok se encuentran acorraladas en el ropero de la entrada y es que se me hacen absolutamente necesarias para salir de paseo con mi perro. Mi amigo es demasiado grande y demasiado impulsivo como para arriesgar mi integridad física cuando le acompaño en sus excursiones diarias. Mal que me pese.

Siempre he sabido que Dios inventó los tacones para que las pequeñas como yo pudiéramos auparnos a ver el mundo. Y así es en el fondo, pero no puedo negar que aparte de mi curiosidad por ver la vida desde una perspectiva más elevada, existe un altísimo componente de coquetería inherente a mi persona por los siglos de los siglos.

Pues esta mañana me he levantado curiosa y, subida a las vertiginosas y comodísimas cuñas de mis preciosas alpargatas de andar por casa (una nunca sabe cuándo el coche de Cayetano Rivera va a averiarse ante tu puerta), me he puesto a indagar en la historia de tan divino invento.

He leído muchas versiones y por supuesto yo sigo convencida de que se crearon por obra y gracia de una bondadosa deidad superior, pero en mi afán por aprender, he descubierto que existen numerosas explicaciones sobre su origen que en algunos casos se remontan al antiguo Egipto y que en otros no pasan de fechar su nacimiento en el siglo XV con menciones incluidas al mismísimo Da Vinci.

He encontrado infinidad de alusiones positivas y negativas, unas eran médicas, otras glamourosas, algunas fetichistas y numerosas históricas, pero la que más me ha llamado la atención ha sido la que llevó a Luis XVI a promulgar una ley contra su uso bajo amenaza de pena de muerte.

Durante el Siglo XVII, en el Parlamento Inglés se publicó un comunicado de su Majestad en el que se advertía lo siguiente:

“Toda mujer que, a través del uso de zapatos de tacón alto

u otra estratagema, conduzca a un súbdito de Su Majestad

al matrimonio, será castigada con la pena de brujería”.

Tras este inaudito descubrimiento me han entrado unas ganas locas de ir a comprarme unas sandalias. Altísimas, por supuesto.

Y es que no puedo negar que en el fondo me encanta pensar que soy una bruja.

La vie en rose

Posted in General on 2 mayo, 2010 by Monica Marful

No es el rosa de los colores que más me favorecen pero sin dudarlo un minuto esta mañana me he hecho fan incondicional de Rosa Divino.

Lo he hecho porque me gustan las actitudes positivas y procuro ver siempre el lado bueno de las cosas.

Rosa Divino es una marca de ropa. No es bonita, no es elegante, ni siquiera es mi estilo pero no puedo estar más de acuerdo con su filosofía.

Sí, la ropa a veces también tiene una filosofía y la de Rosa Divino dice: “soy quien quiero ser y vivo como me da la gana y nadie va a decirme nunca lo contrario”.

Todo comenzó una preciosa y soleada mañana de jueves en Sao Paulo. La coqueta y bonita Geisy había quedado con su novio para ir a una fiesta en cuanto terminasen sus clases en la Facultad de Turismo.

En un primer momento pensó ponerse unos vaqueros para acudir a la Universidad y cambiarse después en los baños de su facultad pero entonces tendría que ir todo el día cargada con la bolsa del vestido, los zapatos, el maquillaje…

No era muy práctico, la verdad.

También pensó en que quizá era una buena oportunidad para que sus compañeros de estudios conocieran su faceta más sexy y que Giselle, esa flaca insoportable descubriera que también se puede estar guapa con unos kilitos de más.

Estaba decidido, iría a clase con su nuevo vestido rosa, que aunque era un poco corto y no era el atuendo más apropiado, resultaba de lo más decente.

Geisy salió de casa con el guapo subido y su carpeta estudiantil. Despertaba admiración por donde pasaba porque estaba realmente preciosa en riguroso pink.

Resulta que en España pensábamos que la envidia era el deporte nacional. Pues no señores, la envidia es el deporte mundial porque no creo que haya una causa más probable para explicar el absolutamente despreciable y fuera de lugar y tiempo comportamiento de los compañeros de facultad de la preciosa Geisy.

Inconcebible, sin duda.

Ante tamaña humillación pública más propia de tiempos de escarlatas letras,  populares patíbulos y quema de brujas, Geisy se deshizo en un mar de lágrimas y puedo imaginármela en su cuarto de paredes y edredones rosas llorando y pensando en que el mundo se había acabado para ella, máxime cuando los “educadores” del centro decidieron expulsarla por ir a clase con un vestido corto y rosa.

Pero Geisy despertó e hizo lo mejor que podía hacer: darles a todos en las narices.

A los “deseducadores” del centro que debían haber expulsado a sus compañeros y no a ella les dijo un sonoro y contundente NO cuando le invitaron a ser readmitida.

Aprovechó la fama que el incidente le dio y creó una firma de ropa, sencilla, corta, barata y ROSA.

Espero que coseche muchos éxitos con su nuevo negocio y que todos aquellos que la humillaron se mueran de envidia al verla pasear en rosa chicle por las calles de Sao Paulo dentro una enorme y llamativa limusina por supuesto, rosa.

Yo me pienso comprar un vestido.

¡Bravo Geisy!