La princesa prometida

Cada noche Ángel leía un ratito su libro favorito. Su tío Ernesto se lo había traído de Estados Unidos donde vivía. “Es muy importante que hables inglés perfectamente. Toma este libro para que practiques” , le dijo con su ronca y profunda voz.

Tenía diez años y a Ángel, como le llamaban en casa,  le encantaban las historias de princesas y piratas, pero aquella, La princesa prometida de William Goldman, además de ayudarle a perfeccionar el inglés, se convirtió sin duda en su preferida.

Desde que la leyó por primera vez comenzó su gran odio hacia el Pirata Roberts que había mantenido por tantos años separados a Buttercup y a su dulce Westley…

Pasó el tiempo y unos 20 años después, Ángel  no podía creer que por fin alguien hubiera adaptado al cine su libro de cabecera, aquel que le enseñó a adorar las historias de amor y a aborrecer a los malvados piratas.

Con cierto temor a que la película no hiciera justicia al libro, acudió a verla al cine Benlliure. No le decepcionó en absoluto. Rob Reiner había hecho una obra maestra que perduraría por los siglos y se convertiría en un clásico.

No le faltaba razón a Ángel, es sin duda una de las mejores cintas de todos los tiempos.

Aquella maravillosa tarde de cine le hizo revivir sus enterrados sentimientos de odio profundo y bien fundado hacia el Pirata Roberts y allí mismo, en la escalinata del viejo Benlliure, ante la atónita mirada de los viandantes y curiosos gritó amargamente emulando la cursilería de la insoportable Scarlett O’Hara:

“A Dios pongo por testigo que combatiré a los piratas hasta el fin de mis días”

Pasaron los años y Ángel no olvidó su juramento, pero desgraciadamente no encontró en su camino ni tibias ni calaveras.

Un buen día, su amigo José Luis le hizo el mayor regalo de su vida. “Ángel, soy José Luis, ¿te interesa el Ministerio de Cultura?” Y a Ángeles le interesó.

Ya estaba ella  feliz en su Ministerio cuando una tarde sus fieles biempagados y abajofirmantes lacayos de la SGAE vinieron a contarle una historia de piratas. “Son muy malos, Ángel, nos roban todos los días. No podemos alimentar a nuestros hijos porque esos despiadados piratas nos quitan lo que ganamos con nuestro duro trabajo”.

Las vísceras de Ángeles se revolvieron y renació en ella el sentimiento de venganza por tanto tiempo reprimido. Se levantó de su silla y con el inconfundible y desagradable tono de Scarlett O’Hara gritó:

“¡A Dios pongo por testigo mis pequeños, que yo os defenderé a capa y espada. Juro que yo, Ángeles González-Sinde, acabaré para siempre con la malvada piratería”.

Dicho y hecho, Ángeles comenzó a perseguir a los temidos piratas que ya no navegaban en barcos ni tenían bandera. Luchó con todas sus armas y finalmente logró que apobaran una absurda ley contra ellos, que ya no mataban ni saqueaban. Que no torturaban ni expoliaban. Era la Ley de Economía Sostenible  con la que podrá cerrar todos los sitios con un atisbo de posibilidad de descarga; de posibilidad de creación alternativa…

Muchas son las voces que han intentado que Ángeles entrara en razón explicándole que aunque sea el mismo término, Los Piratas de internet nada tiene que ver con el Pirata Roberts de La Princesa Prometida.

Hasta Punset, que no tiene parche en el ojo, ni pata de palo y que ni siquiera lleva un loro posado sobre su hombro, intentó abrir los ojos de nuestro flamante estandarte de cultura

No tiene lógica su locura, la única explicación es que  Ángeles haya tomado una pócima preparada por el Milagroso Max “El ungüento de la proclamación de Leyes Absurdas”. Pequeña Sinde, terror de los piratas, no debes preocuparte, su efecto no es eterno y hubo otros muchos que ingirieron antes que tú el ponzoñoso ungüento. Sus obras y leyes aún perviven:

  • En Atlanta va contra la ley atar una jirafa a un poste del teléfono o a una farola.
  • Carmel, Nueva York, tiene una ordenanza que prohíbe a los hombres llevar chaquetas y pantalones que no vayan a juego.
  • La ley de Chicago prohibe comer en un lugar que está ardiendo.
  • Los peatones del Distrito de Columbia que salten sobre los coches en movimiento para evitar que los atropellen, y golpeen el coche al caer, son responsables de cualquier daño infringido al vehículo.
  • Ley de Kentucky: “Ninguna mujer deber aparecer en traje de baño en ningún aeropuerto de este Estado a menos que sea escoltada por dos oficiales o a menos que vaya armada con una porra. Las disposiciones de este decreto no serán aplicadas a mujeres que pesen menos de 90 libras (aprox. 40kg.) o más de 200 libras (aprox. 90 kg.), ni serán aplicadas a yeguas”.
  • En MarshalltownIowa, los caballos tienen prohibido comer bocas de incendio.
  • Continúa en http://www.otae.com/leyes_absurdas/

Querida Ángeles, tómate tu tiempo para reflexionar y comprender tu equivocación… El Pirata Roberts no existe, querida… Sólo esperamos que dentro de 20 años Ángeles no se encuentre con ningún Íñigo Montoya…

Nota: si no habéis visto la peli, estáis en pecado.

Anuncios

6 comentarios to “La princesa prometida”

  1. buenísima la peli!!! Lo de las leyes esas de los yanquis….mu fuerte!!!
    bss

  2. Estoy en pecado mortal y creo que por mucho tiempo. No se que me quisite decir con que revisara el correo. Muchas gracias por tu felicitación. !Ay de mí! que ya estoy en la tercera edad. Un beso

  3. EXAGERÁ ¿POR LA EDAD O EL PECADO?. NO HE RECIBIDO NINGÚN MENSAJE, ASÍ QUE REVISA TÚ EL CORREO. amaralf@telefonica.net

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: