Archivos para abril, 2010

Roswell

Posted in General on 26 abril, 2010 by Monica Marful

Necesitaba documentación para mi eternamente inacabada novela sin próxima conclusión a la vista.

Era una excusa tan buena como otra cualquiera para viajar al centro mismo del “Incidente”, en Roswell, Nuevo México.

Sí lo reconozco, soy un poco friki, pero era una alternativa divertida para un fin de semana diferente.

Lo decidimos y dos días después estábamos allí.

Todo era tal como esperábamos, había extraterrestres por todas partes. En las tiendas, en las cantinas, en los restaurantes, en los supermercados…

Nos hicimos un millón de fotos con cada uno de los ficticios visitantes y decidimos, ante la sugestión que el lugar emanaba, pasar un rato en mitad del desierto durante la madrugada.

Quizá con suerte bajara algún marciano a saludarnos…

En cuanto anocheció cogimos unos edredones y nos encaminamos a unos cuantos kilómetros del pueblo para evitar las luces y divisar así mejor el firmamento. Paramos en el McDonald’s del pueblo, con forma de OVNI por supuesto, e hicimos acopio de un par de hamburguesas para acompañar las cervezas ALIEN que teníamos enfriando en la nevera portátil.

Esoltados por una banda de moteros en Harley que estaba haciendo la ruta 66 entre cueros, parches, tatuajes y banderas americanas, abandonamos el pueblo y nos adentramos en un camino de tierra en dirección al desierto de Nuevo México.

Ya solos y cuando las luces de Roswell no nos molestaban para llevar a cabo nuestra misión de dar la bienvenida a todos los extraterrestres que por allí se acercaran, paramos la pick up.

Nos bajamos del coche con la excitación propia del momento, colocamos los edredones sobre la parte trasera y subimos la cena y las cervezas entre risas y nervios.

Fue cuando estábamos abriendo las hamburguesas cuando caímos en la cuenta de su presencia. Los dos nos callamos de repente. Había algo o alguien allí con nosotros. No era humano y no podíamos verlo, pero sí sentirlo.

No había luna y sin embargo se veía perfectamente todo el desierto. No sabía que el cielo pudiera contener tal cantidad de estrellas.

Esa noche había aforo completo de astros. Era un espectáculo único. Ninguna nube estorbaba, sólo existían infinitos puntos blancos sobre un negro profundo y eterno.

Sonreímos sobrecogidos por tan inusual espectáculo y caímos de nuevo en la cuenta de aquella presencia sobrenatural.

Nos envolvía, nos acariciaba, nos apretaba las sienes, sentíamos un vacío en los oídos, casi se podía tocar…

Miramos a nuestro alrededor pero allí no había nadie. Ningún Alien más que el verde hombrecillo que decoraba la etiqueta de nuestras cervezas se había unido a nuestra fiesta.

Miramos y escuchamos alrededor.

Ni un animal, ni una brizna de aire, ni un sonido…

Por fin lo descubrimos. Por fin encontramos un nombre para aquella inquietante presencia sobrenatural:

El silencio.

Un absoluto y sobrecogedor silencio era lo que nos acompañaba.

Sólo un profundo, denso e inquietante silencio. Tan profundo que escuchabas tus propios latidos, tan denso que lo sentías en la piel, tan inquietante que se te olvidaba respirar.

Bajo aquel espectáculo de estrellas en silencio, pensamos que si alguna vez alguien divisó un UFO, no pudo ser en otro lugar más que en aquel desierto creado para experimentar sensaciones desconocidas y abrumadoras.

No pudo ser más que en Roswell, NM.

El sueño de una noche de verano

Posted in General on 20 abril, 2010 by Monica Marful

Qué rico el tinto con casera,
qué rico el arroz en el porche mirando el mar,
qué rico el oliva en la ensalada,
qué rico el gazpacho a media tarde…
Qué rica la sal en tu cuerpo, mojado y moreno.
Qué rica la brisa que levanta mi falda,
qué rico tu sudor que resbala por mi cuerpo,
qué ricos los dos rombos de nuestras madrugadas.
Qué rica una ducha con agua helada,
qué rica esa cerveza casi escarchada, qué rica la primera copa,
qué rica la última,
qué ricos los primeros rayos de sol en el rostro,
qué rico caminar sin brújula de tu mano,
qué rico el ventilador; anda, enciéndelo otro poquito…

Soñando con una noche de verano junto a ti.

Weekend at Bernie’s

Posted in General on 8 abril, 2010 by Monica Marful

Había sido una mañana terrible pero la tarde se presagiaba con la misma poca aceleración habitual en sus vidas. Dos alemanas perdidas en Liverpool. Estuvieron largo rato hablando sobre ello, sólo era un pequeño bache.

No podían permitir que algo así se llevara sus planes al traste. 

Sus conclusiones parecían descartar cualquier final trágico. Tenían una estrategia y la posibilidad de llevarla a cabo con éxito excitaba sus nervios en el pequeño comedor de la oscura casa.

Gitta y su hijastra iniciaron su proyecto con mucha tranquilidad. Alquilaron la película en un videoclub cercano a la vivenda que las mujeres compartían en Liverpool.

A nadie le extrañó el hecho más de lo que puediera chocar en estos tiempos de piraterías, que alguien se acerque a un videoclub y pague por ver una peli. Pero esa es otra historia.

Se sentaron ante la pantalla del televisor con un sandwich de pepino con mermelada de arándanos en una mano, una cerveza caliente en la otra y sobre las piernas, un bloc de notas y un boli. “Weekend at Bernie’s”, se titulaba la comedia.

Comienza el film y ellas, sin perder detalle, toman nota de lo que allí va aconteciendo. No les hacen gracia las absurdas situaciones que plantea el divertido guión. Están tan atentas que las pasan por alto, escuchando cada frase como si asistieran a una clase magistral.

Toman notas y elaboran una detallada lista de todo lo que necesitan para su aventura. A saber:

1- Gafas de sol.

2- Grapadora (por si acaso).

3- Sombrero o gorra.

4-. Silla de ruedas.

5- Actitud alegre y desenfadada.

Termina la cinta y ambas se miran con la satisfacción reflejada en sus rostros. Ahora saben que es posible llegar al final con éxito. Ya se ha hecho antes. Aunque sea en una película.

Se fueron a la cama excitadas por la situación pero relajadas por sus buenos augurios.

A las 5 sonó el despertador y comenzaron los preparativos. Debían coger una avión con destino a Alemania. Eran sus vacaciones. Volvían después de muchos años de ausencia y ningún pequeño percance como el acontecido horas antes podría arruinarles un viaje tan deseado.

Bañaron a Willi con mimo y, después de vestirle con el atuendo necesario para estos casos, se encaminaron al aeropuerto.

El taxista que fue a recogerlas les ayudó amablemente a subir al anciano al coche. Lo hizo con la suficiente delicadeza como para no despertarle. Era muy temprano y el pobre viejo, de 91 años según su esposa, estaba aún en los brazos de morfeo.

Llegaron a la terminal y todo parecía en orden. Hicieron un rápido repaso visual: el peluquín en su sitio, el sombrero calado, las gafas puestas…

Facturaron el equipaje y se dirijieron hacia las puertas de embarque. Todo iba viento en popa. La hija de Willi empujaba la silla de ruedas bajo el arco de seguridad cuando una amable agente de policía le sonrió mientras pasaba el escáner de mano alrededor de la silla de su anciano padre que continuaba durmiedo plácidamente. 

-“Está dormido”. Le dijo en voz baja para no despertarle.

Justo cuando se marchaban de la zona de seguridad, la amable agente fue corriendo hacia ellos, a Willi se le había caído el reloj porque llevaba la mano colgando a un lado de la silla. La agente se inclinó para colocárselo al hombre en su lugar.

La hija de Willi intentó impedirlo pero  llevaba demasiadas bolsas y no logró zafarse de ellas lo suficientemente rápido. Gitta, su madrastra sonreía a la agente. “Está dormido”, repetía la mujer como un mantra.

La solícita agente del orden fue a colocarle el reloj en la muñeca. Cogió la mano inherte del anciano y levantó la vista. A la hija de Willi se le soltaron las bolsas y se le cayó el alma.

No habían contado con el helor de la parca.

Está claro que la ficción…

Weekend at Bernie’s (título en español: Este muerto está muy vivo)

siempre supera a la realidad…

Dos detenidas al tratar de embarcar

un cadáver en un aeropuerto de Reino Unido

(El Mundo)

 

¿O era alrevés?

La princesa prometida

Posted in General on 2 abril, 2010 by Monica Marful

Cada noche Ángel leía un ratito su libro favorito. Su tío Ernesto se lo había traído de Estados Unidos donde vivía. “Es muy importante que hables inglés perfectamente. Toma este libro para que practiques” , le dijo con su ronca y profunda voz.

Tenía diez años y a Ángel, como le llamaban en casa,  le encantaban las historias de princesas y piratas, pero aquella, La princesa prometida de William Goldman, además de ayudarle a perfeccionar el inglés, se convirtió sin duda en su preferida.

Desde que la leyó por primera vez comenzó su gran odio hacia el Pirata Roberts que había mantenido por tantos años separados a Buttercup y a su dulce Westley…

Pasó el tiempo y unos 20 años después, Ángel  no podía creer que por fin alguien hubiera adaptado al cine su libro de cabecera, aquel que le enseñó a adorar las historias de amor y a aborrecer a los malvados piratas.

Con cierto temor a que la película no hiciera justicia al libro, acudió a verla al cine Benlliure. No le decepcionó en absoluto. Rob Reiner había hecho una obra maestra que perduraría por los siglos y se convertiría en un clásico.

No le faltaba razón a Ángel, es sin duda una de las mejores cintas de todos los tiempos.

Aquella maravillosa tarde de cine le hizo revivir sus enterrados sentimientos de odio profundo y bien fundado hacia el Pirata Roberts y allí mismo, en la escalinata del viejo Benlliure, ante la atónita mirada de los viandantes y curiosos gritó amargamente emulando la cursilería de la insoportable Scarlett O’Hara:

“A Dios pongo por testigo que combatiré a los piratas hasta el fin de mis días”

Pasaron los años y Ángel no olvidó su juramento, pero desgraciadamente no encontró en su camino ni tibias ni calaveras.

Un buen día, su amigo José Luis le hizo el mayor regalo de su vida. “Ángel, soy José Luis, ¿te interesa el Ministerio de Cultura?” Y a Ángeles le interesó.

Ya estaba ella  feliz en su Ministerio cuando una tarde sus fieles biempagados y abajofirmantes lacayos de la SGAE vinieron a contarle una historia de piratas. “Son muy malos, Ángel, nos roban todos los días. No podemos alimentar a nuestros hijos porque esos despiadados piratas nos quitan lo que ganamos con nuestro duro trabajo”.

Las vísceras de Ángeles se revolvieron y renació en ella el sentimiento de venganza por tanto tiempo reprimido. Se levantó de su silla y con el inconfundible y desagradable tono de Scarlett O’Hara gritó:

“¡A Dios pongo por testigo mis pequeños, que yo os defenderé a capa y espada. Juro que yo, Ángeles González-Sinde, acabaré para siempre con la malvada piratería”.

Dicho y hecho, Ángeles comenzó a perseguir a los temidos piratas que ya no navegaban en barcos ni tenían bandera. Luchó con todas sus armas y finalmente logró que apobaran una absurda ley contra ellos, que ya no mataban ni saqueaban. Que no torturaban ni expoliaban. Era la Ley de Economía Sostenible  con la que podrá cerrar todos los sitios con un atisbo de posibilidad de descarga; de posibilidad de creación alternativa…

Muchas son las voces que han intentado que Ángeles entrara en razón explicándole que aunque sea el mismo término, Los Piratas de internet nada tiene que ver con el Pirata Roberts de La Princesa Prometida.

Hasta Punset, que no tiene parche en el ojo, ni pata de palo y que ni siquiera lleva un loro posado sobre su hombro, intentó abrir los ojos de nuestro flamante estandarte de cultura

No tiene lógica su locura, la única explicación es que  Ángeles haya tomado una pócima preparada por el Milagroso Max “El ungüento de la proclamación de Leyes Absurdas”. Pequeña Sinde, terror de los piratas, no debes preocuparte, su efecto no es eterno y hubo otros muchos que ingirieron antes que tú el ponzoñoso ungüento. Sus obras y leyes aún perviven:

  • En Atlanta va contra la ley atar una jirafa a un poste del teléfono o a una farola.
  • Carmel, Nueva York, tiene una ordenanza que prohíbe a los hombres llevar chaquetas y pantalones que no vayan a juego.
  • La ley de Chicago prohibe comer en un lugar que está ardiendo.
  • Los peatones del Distrito de Columbia que salten sobre los coches en movimiento para evitar que los atropellen, y golpeen el coche al caer, son responsables de cualquier daño infringido al vehículo.
  • Ley de Kentucky: “Ninguna mujer deber aparecer en traje de baño en ningún aeropuerto de este Estado a menos que sea escoltada por dos oficiales o a menos que vaya armada con una porra. Las disposiciones de este decreto no serán aplicadas a mujeres que pesen menos de 90 libras (aprox. 40kg.) o más de 200 libras (aprox. 90 kg.), ni serán aplicadas a yeguas”.
  • En MarshalltownIowa, los caballos tienen prohibido comer bocas de incendio.
  • Continúa en http://www.otae.com/leyes_absurdas/

Querida Ángeles, tómate tu tiempo para reflexionar y comprender tu equivocación… El Pirata Roberts no existe, querida… Sólo esperamos que dentro de 20 años Ángeles no se encuentre con ningún Íñigo Montoya…

Nota: si no habéis visto la peli, estáis en pecado.