A time to kill

Madrid, febrero de 2015.

Hoy es el último día de mi vida. Así lo determinó un juez en el año 2003.

Hoy debo morir por el crimen que otro cometió. Soy inocente, pero igualmente me condenaron.

Aquel año hubo un asesinato, un terrible y cruel asesinato en el que yo no participé. Todos los medios dieron cuenta de él y yo, como todo el mundo me horroricé al ver a aquella pobre chica torturada hasta la muerte…

Detuvieron a varias personas por el crimen, hubo un juicio. A los asesinos les soltaron. Y a mí, que nada tuve que ver con aquellos terribles hechos, me condenaron y “la justicia” sentenció que debía morir.

Ahora ya no importa.

Me llamo Nuria y no estoy en el corredor de la muerte. Impensable en mi civilizada España. Estoy en la camilla de un hospital.

Hace dos horas me han violado brutalmente, me han golpeado con dolorosa crueldad y me han clavado un cuchillo varias veces en el pecho, en el cuello y en el vientre.

Estoy agonizando.

Escucho a los médicos decir que no hay nada que hacer y lloro de impotente rabia en silencio. De impotente rabia y de dolor.

Pienso en Sandra.

Pienso en los jueces y pienso en el ministro de justicia.

Pienso en la pena de muerte abolida en España, ¿por qué entonces a mí me la han aplicado?.

Pero sobretodo pienso en mi asesino, el día que a él le juzgaron, a mi me condenaron.

Como a otras tantas víctimas que aún están por venir. A pesar de mi muerte, el asesino volverá a la calle.

Recuerdo en mi delirio aquel fantástico alegato final de Tiempo de matar. Rezo por estar en Estados Unidos, rezo porque Mathew lleve la acusación en el juicio por mi asesinato.

A Rafael, el demoníaco y asqueroso depredador, el sádico e implacable monstruo humanizado por su apodo de “el Rafita”, le tocó la lotería el día que nació. Lo hizo en España una negra jornada de 1989. La fortuna quiso besarle la frente y lo depositó en este democrático país en el que los derechos de los asesinos prevalecen sobre los de sus víctimas.

Quizá la cigüeña tuvo un mal día y su destino real era Bangladesh, Irán, Nigeria, Arabia Saudí, Pakistán, Sudán, Estados Unidos, Somalia o Yemen donde le habrían condenado a morir sin mirar su fecha de nacimiento, sólo la brutalidad de sus crímenes…

Sus futuras víctimas seguramente se conformarían con que hubiese nacido en Canadá, Holanda, Perú o cualquier otro país civilizado donde le habrían encerrado de por vida después de lo de esa niña.

Claro que siendo prácticos, lo mejor hubiera sido que la cigüeña se hubiera estrellado en el camino…

(Nota: siento no haber encontrado el video en español)

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2 comentarios to “A time to kill”

  1. Crudo y tremendo relato. Se me ponen los pelos de punta y se me eriza la piel. Cuántos casos de injusticias como estas siembran los archivos de las desmemoria porque sólo unos pocos, que han servido de inspiración a cineastas y escritores, han tenido la oportunidad de ser recordados gracias a aquellos que los han utilizado sacándolos del olvido.

    No recordaba esta peli ni la actuación de este guaperas en un rol que me permite redimirlo porque aquí está convincente, quizás por el soberbio elenco que le rodea o por un texto que es un caramelo para cualquier actor.

  2. Siento haberme puesto trágica pero me indigna la injusticia de las leyes españolas a este respecto.
    El cañón de apellido impronunciable tuvo la enorme suerte de tener este soberbio texto para por una vez lucirse. Aunque siendo franca, a mi no me hace falta que hable, con que aparezca en la pantalla me alegra el día!!! (quitando hierro al asunto…)

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