Soylent Green

“No hace mucho tiempo de aquello, mira aquí tengo algunos recortes de esos años…” le dijo la anciana mujer en su dulce e intermitente tono.

La reportera cogió el álbum dejando la pequeña taza de té de fina porcelana y dorada pincelada en la mesa, sobre su diminuto plato. Lo hizo muy despacio pues el tintineo anunciaba la fragilidad del material y ella se tenía por una chica torpe.

“Ojéalo con total libertad, cielo, para eso lo tengo. Son viejos titulares de prensa en los que se me nombraba… Y, ¿en qué periódico dices que trabajas?”

“No es un periódico, es una revista cultural”

“Ah sí, cariño, perdona es que se me va la cabeza. Ya son muchos años los que lleva sobre mis hombros”. Rió.

“No diga eso, está Ud. tan lúcida como yo, todas esas anécdotas que me cuenta… Es Ud. historia viva de España y sin duda tiene una memoria prodigiosa”

“Pues ya ves, hija y quieren jubilarme, hacerme desaparecer. Enterrarme en vida…”

“Para eso estoy yo aquí, para contárselo a la gente y aportar mi granito de arena, a ver si entre todos evitamos que ocurra”

“No te esfuerces, cielo. Mis queridas compañeras y yo tenemos fecha de caducidad. Con las campanadas de fin de año comenzó nuestra cuenta atrás… Es como en aquella terrible película de ciencia ficción de los años 70… Con Charlton Heston… Cómo demonios se llamaba…”

“Soylent Green.”

“¡Esa! Los viejos somos inútiles, hija, a mi este año me harán galleta…” Dijo entre risas.

“¡No diga eso!. Tenga un poco de fe, a lo mejor las 22 academias recapacitan…”

“No lo harán. Ya ha ocurrido más veces. Hace tiempo yo estaba en boca de todos, últimamente no se hablaba mucho de mi, para qué engañarnos… pero siempre he estado ahí por si alguien me necesitaba. Esta es una sociedad cruel, te avoca a la muerte en cuanto dejas de salir en las revistas y yo a estas alturas, ya estoy condenada”.

“¡Esta situación me supera!”. Dijo la joven levantándose enérgicamente del sofá. “No puedo entender por qué les condenan y ejecutan por el simple hecho de no estar de moda. Las modas vuelven y usted es hermosa y sugerente. Diferente y enriquecedora. Quizá en un futuro se le asigne otro significado, como ocurrió con su amiga  Arroba. ¡No tienen porqué condenarla!. ¡No son quién para hacerlo!”

“Sí son quién, corazón, desgraciadamente ellos mandan. Ellos sentencian y ellos ejecutan. Durante muchos años yo, la palabra Alfonsear estuve en boca de todos, pero ya ves, me dejaron de utilizar, caí en el olvido y en la nueva edición del DRAE habré muerto, en 2010 habré desaparecido… Hay que dar paso a las nuevas generaciones”.

“Si eso está muy bien, que crezca el idioma, pero, ¿cómo va a crecer si no hacen más que recortarle las raíces?. Es una incoherencia. ¡Por Dios, es Ud. la ilustre y elegante abuela de la burda cachondear!  ¡Su mejor sinónimo! ¿Cómo va a desaparecer?”.

“Gracias reina, opino como tú pero lo único que nos queda a este batiborrillo de viejas palabras, es sentarnos frente al hogueril y esperar nuestro acabijo“.

Descansen en paz todas las enriquecedoras palabras que incomprensible y desgarradoramente desaparecerán de nuestro diccionario en su próxima revisión.

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