Archivo para octubre, 2009

La Gata sobre el Tejado de Zinc: 1.200€ (Segunda Parte)

Posted in General on 25 octubre, 2009 by Monica Marful

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LA GATAEntraron en el portal y ella le dijo que fuese rápido que se les hacía tarde, Fran no esperaría ni un minuto después de la hora fijada.

Pasaron al apartamento que, como siempre estaba hecho un desastre y ella le dio un empujón tirándole bruscamente sobre el sofá. Comenzó a morderle y a besarle con ansia como si en ello le fuera la vida. Hicieron el amor salvaje y apresuradamente. Cuando terminaron ella se levantó: “vamos, no hay tiempo que perder, ahora iremos más relajados”.

            Gabriel estaba atónito, no sabía si coger el teléfono y llamar a sus colegas o seguirla hasta donde ella quisiera llevarle. Optó por lo segundo.

          Entró en su dormitorio y cogió el póster, lo enrolló y lo introdujo en un tubo porta-documentos. Ella le esperaba en el salón. “Vamos, ya lo tengo”.

Atravesaron Madrid a toda velocidad, se les había ido la mañana entre persecuciones, robos de coches, sexo y nervios…

Llegaron a la Torre Sacyr, eran las 12:55 y entraron en el ascensor que subía directo al piso 54, apenas tardaron unos segundos en llegar.

El tal Fran aún no estaba así que la rubia se dirigió a una mesa desde la que podía verse todo Madrid. Era una experiencia única. Gabriel no dejaba de pensar qué coño hacía él a la una de la tarde sentado en la cafetería más solicitada de Madrid, con unas vistas inimaginables y en compañía de semejante mujer con la que acababa de acostarse.

Ella estaba tomando un sorbo de su cocacola, de pronto su cara se puso tan tensa como la de un antílope que nota la presencia de un león. Forzó una sonrisa. Gabriel se giró y vio a un tipo muy elegante con un maletín de color cuero que se aproximaba a ellos con su impecable traje de Dior y sus relucientes zapatos de 600€.

Se sentó con ellos en la mesa. “Bien, dijo, me alegra que hayas reconsiderado mi oferta, nunca tendrías una mejor. Espero que no me la juegues y sea todo como habíamos hablado”.

Claro –dijo Gabriel- si quieres lo saco y lo compruebas”.

Echó mano del porta-documentos con intención de abrirlo y al tal Fran le cambió la cara. “¿No se te ocurrirá sacarlo aquí?” Dijo muy alterado. “Sí, prefiero que lo comprobéis, que luego igual me venís con que está deteriorado y esto no tiene garantía”, dijo muy seguro. “Bien, entonces vayamos a los lavabos, allí haremos el intercambio”, respondió Fran.

Gabriel no entendía por qué tanto rollo por un simple cartel cinematográfico por muy de 1958 que fuera, pero le siguió hasta los servicios arrepentido de no haber pedido 5.000€ por él.

Cuando iban a entrar en los lavabos, un hombre enorme con el cuerpo de un armario empotrado se les unió. “Salva, comprueba”. Gabriel se asustó al ver que Salva entraba y revisaba los baños uno por uno. Le pareció demasiado excesivo hasta para la surrealista mañana que había tenido. “Pueden estar tranquilos”. Fran entró y detrás de él lo hizo Gabriel sin saber lo que iba a encontrarse allí. Salva, el armario empotrado se quedó en la puerta para impedir que nadie entrase.

Una vez en el interior, Fran le entregó el maletín a Gabriel: “Ahí lo tienes, cuéntalo mientras repaso la pieza”. Gabriel le tendió el porta-documentos y abrió el maletín con el logotipo de Loewe en la parte superior.

Se le salieron los ojos de las órbitas, nunca había visto tanto dinero junto. “No entiendo por qué lo traes en un envase tan grande”, dijo Fran mientras abría y volcaba el cilindro de plástico.

“Esto…creo que aquí hay un error”, balbuceó Gabriel sin salir de su asombro.

“No me vengas con esas, tío, están los 950.000 que acordamos. ¿Dónde coño está el collar?” Increpó Fran a Gabriel.Tiró el porta-documentos y le agarró con fuerza por el cuello.

¿De qué collar me está hablando?”, intentó decir Gabriel que no podía hablar por la presión que Fran le estaba aplicando en la garganta. Empezaba a faltarle el aire.

“Eres un hijo de puta, no pienso darte ni un puto duro más. Niñato la has cagado. Más te vale tenerlo aquí cerca porque a las tres hago la transacción, van a pagarme mucho por esas esmeraldas que le robaste a La Gata y no estoy dispuesto a perder la operación”.

Fran soltó el cuello de Gabriel que ya estaba casi morado y salió de los lavabos, según salía entró Salva, el armario empotrado. Gabriel estaba muerto de miedo. Comenzó a sollozar. “Pero, ¿de qué me hablas?. Tío, no sé qué esmeraldas quieres…yo sólo vendo carteles de cine…¿quién coño es esa gata?… yo no soy un ladrón…”.

El enorme bulldog se acercó hasta Gabriel y le propinó tal puñetazo que le dejó KO tirado en el suelo. Notó cómo le subía en volandas mientras la sangre que le chorreaba de la nariz le escurría caliente por la boca. Escupió. “Pero, ¿qué cojones queréis de mi? No, por favor. Os estáis equivocando de tío” Suplicaba.

Salva le respondió con un puñetazo en la boca del estómago que le dejó sin respiración durante unos segundos.

De nuevo, el armario le cogió como si fuera un peso pluma y le obligó a incorporarse mientras agarraba el maletín con la otra mano. Le sacó sosteniéndolo en pie de los lavabos y se dirigieron a los ascensores donde Fran estaba con la rubia, a la que tenía cogida fuertemente por el brazo. Entraron en el elevador y Fran pulsó el botón de la azotea, acto seguido le propinó una bofetada a la rubia que la sentó en el suelo. Llegaron a la terraza de la Torre Sacyr, a más de 55 pisos de altura. Hacía muchísimo viento y estaba desierta.

“Bien, desgraciados, vais a decirme dónde tenéis el collar o acabáis los dos espachurrados en las noticia de las tres”. La rubia comenzó a llorar. “Por favor, Fran, yo no tengo nada que ver. No había visto a este desgraciado en mi vida. Este tío nos la ha jugado a los dos. Te lo juro, Fran”.

“Vamos, nena, tú le encontraste y me diste su dirección de correo, así que estáis juntos en esto”, dijo Fran. Entonces le hizo una seña a Salva y éste, en un rápido movimiento, cogió a Gabriel en volandas y le colgó por los pies cabeza abajo fuera de la valla de protección del mirador. La rubia empezó a gritar y Gabriel a suplicar. “Tío, de verdad que no tengo ni puta idea de lo que queréis, que yo sólo vendo carteles de cine, os lo juro…”

Ajuste de cuentas a 55 pisos de altura”

Eso rezaba el titular del diario que Estefanía compró el dieciocho de enero.

Meses después, sentada en el salón de su pequeña pero acogedora casa a orillas del Caribe, ojeaba de nuevo el periódico con las fotos de los tres cadáveres: uno desmembrado en la acera y dos acribillados a tiros en el mirador de la Torre Sacyr.

El póster de La Gata sobre el tejado de Zinc presidía la estancia colgado en un lugar privilegiado. A veces pensaba en Gabriel…había sido una suerte encontrar su anuncio de La Gata en internet y organizar tan bien el malentendido.

Había planeado todo hasta el último detalle: presentarse tan despampanante ante Gabriel para apabullarle, la persecución de su amigo Montes para subirle la adrenalina y poder así coger su coche en el aeropuerto, en él llevaba las dos pistolas que se guardó en el bolso, el episodio de su piso para tener al pobre desgraciado totalmente a su merced, elegir la torre Sacyr como punto de encuentro…

Sabía que Fran, con su desmesurada afición por los gánsters y su exagerada dramatización, no podría evitar reproducir una escena al más puro estilo Chicago años 20.

Todo había salido a pedir de boca. El final fue fácil. Con la confusión pudo sacar una de las pistolas. Disparó primero a Salva que al caer soltó los pies de Gabriel desde el piso 55, después apuntó a Fran con el otro revolver, que se desplomó a cámara lenta con mucha elegancia y finalmente, remató a los dos.

“Y eso que soy rubia”, pensaba riendo.

De vez en cuando, Estefanía sentía pena por Gabriel, su víctima inocente, su daño colateral, entonces para tranquilizarse, abría su caja fuerte y frente al mar, comenzaba a contar billetes de 500… quinientos, mil, mil quinientos,…

…era muy relajante llegar hasta 950.000.

La Gata Sobre el Tejado de Zinc: 1.200€. (Primera Parte)

Posted in General on 20 octubre, 2009 by Monica Marful

LA GATADesde las siete de la mañana en que para Gabriel amaneció ese fatídico diecisiete de enero, todo había ocurrido a un ritmo frenético, exageradamente frenético hasta para un tipo nervioso e inquieto como él.

         El teléfono le había despertado veinte minutos antes de que lo hiciera, como cada día el “Every Morning” de Sugar Ray que desde su móvil sonaba agradable a modo de despertador. Lo que ya le sacó de quicio desde primera hora de la mañana.

         Después del gran sobresalto que supone este alarmante despertar, la desesperación añadida de toparse al otro lado del terminal, con la impersonal voz de una máquina que siendo todo lo amable que una voz enlatada puede ni siquiera pretender, le decía: “un momento, por favor”.

       Esperó paciente aquel “momento” con los ojos cerrados y el cerebro aún en “stand by” para escuchar seguidamente la musical voz de una señorita venezolana que muy amablemente, le consultaba si deseaba cambiarse de operador telefónico.

Gabriel no supo si mandarle a tomar vientos o simplemente dejarse acunar suavemente por la sensual y melódica voz de su amable e inesperada interlocutora que, poco a poco iba apaciguando los acelerados compases de su corazón respuesta a tamaño sobresalto telefónico.

No le quedó más remedio que adelantar diez minutos su ritual mañanero, lo que ya era para él y cualquier persona cabal, comenzar el día con el pie izquierdo. Aún así no pudo evitar como siempre, salir tarde de casa. Se acercó a coger el coche y al llegar, contrariado descubrió que no llevaba las llaves, así que, muy a su pesar, tuvo que dar media vuelta y volver a casa, tres calles más arriba.

Aquel espantoso frío le cortaba la cara un poquito más de lo que ya lo habían hecho esa mañana su torpeza en coalición con la cuchilla de afeitar.

Por fin entró en el coche, que estaba congelado y lo arrancó. Recorrió las seis calles que le separaban de la autovía de circunvalación y al coger el carril de incorporación, allí estaba, fiel como cada mañana, su atasco de las ocho treinta.

Aguantó con paciencia y como cada día, llegó a la oficina tan hastiado y agotado como si llevara trabajando diez horas seguidas. Se sentó en su puesto y despertó el ordenador, él sí tenía un buen despertar.

Como todos los días abrió la página de El Mundo.es, echó un rápido vistazo a los titulares y devoró alguno de los blogs a los que era asiduo. Dentro de sus rituales, inició también el Messenger, la bandeja de Outlook, Facebook y la intranet de la empresa.

Un mensaje le había llegado a su buzón de correo del Messenger. No conocía al remitente, pero eso era lo más habitual ya que tenía varios anuncios de venta de carteles de cine antiguos. Una colección que le había dejado su padre.No era muy valiosa pero le estaba dando para pagarse algunos extras de poca importancia.

Me han dicho que tienes La Gata, te puedo dar hasta 650. La transacción tiene que ser hoy mismo, si no no hay trato”. No le hizo ninguna gracia que le ofrecieran 650€ por un póster original. Él lo puso bien claro:

La Gata sobre el Tejado de Zinc: 1.200€

        No le gustaba especialmente el cine, pero aquel póster era distinto. Paul Newman era para su madre el mito de los mitos. Su ídolo dorado y aquella peli, su favorita. No estaba dispuesto a venderlo por menos de 900€, aún así contestó al correo: “No puedo rebajar tanto el precio. Comprende que tiene un gran valor sentimental y que es una pieza muy antigua, de todas formas, gracias por tu interés”.

Enseguida recibió respuesta: “Qué cabrón, ¿gran valor sentimental? Estoy dispuesto a subir a 800. Es mi última oferta”.

La conversación se convirtió en instantánea porque Gabriel pensó que era un comprador serio, no uno de esos cotillas que le daban la lata constantemente.

Estoy dispuesto a negociar contigo, pero no bajo de 1.100 porque tú sabes que los vale. Si quieres seguir hablando deberás subir la oferta”

Se sentía seguro de sí mismo porque podía vislumbrar el interés que su cartel había suscitado en aquel comprador.

Estás tensando demasiado el hilo. No juegues conmigo, sabes que te arrepentirías. 950. Esta mi última comunicación. Si te interesa, a las 13 horas estaré en el restaurante de la planta 54 de la Torre Sacyr. Ya sabes las reglas. Tú solo. Nada de tonterías”.

A Gabriel le hizo gracia aquel último comentario tan manido y propio de película de gánsters. No llegaba a los 1.200€ que le había pedido pero era más de lo que le habían dado por los otros dos pósters juntos que había conseguido vender en los siete meses que llevaban puestos los anuncios. Decidió hacerlo.

Eran las 10 y media y todavía tenía que pasarse por casa a recoger el cartel. Entró al despacho de Juan Carlos, su jefe, e improvisó unas olvidadas pruebas visuales en el oftalmólogo. Juan Carlos no desconfió dada la naturaleza despistada de su amigo y subordinado, se tomaron un café juntos, hizo un par de llamadas y a las 11 y media salió de la oficina de nuevo rumbo a su casa.

Se subió al coche y cuando iba a arrancar, una impresionante mujer rubia de treinta y tantos abrió la puerta del copiloto y se montó con él. “Ya era hora. Me estaba muriendo de frío” comentó mientras cerraba la puerta del coche. “Así que eres tú”. “No te imaginaba así. Pensé que eras mayor”. Gabriel estaba tan alucinado que no podía articular palabra. Miraba a aquella mujer como si fuese una aparición y, dadas las circunstancias, no era para menos. “Vamos, arranca”, le espetó ella.

Gabriel no podía hacer otra cosa sino obedecer a aquella escandalosa mujer cuya minifalda aceleraba las pulsaciones de la ciudad. Por fin, con el coche en marcha, reaccionó. “Pero, ¿quién eres tú? y, ¿qué haces en mi coche?” No quería ser brusco porque, evidentemente no le interesaba perder la oportunidad de irse con semejante trofeo a su casa, aunque fuese por un malentendido. “Me envía Fran. No se fía de ti y quiere que me asegure de que tienes el material. Te hemos localizado por el servidor”. No tenía ni idea de quién era ese tal Fran, pero se imaginó que sería el tipo del cartel. “Esto es de locos”, pensó, “la que están liando por un póster”.

Ese tal Fran es un poco exagerado, ¿no?” Ella le miró como si hubiese dicho que La Tierra era cuadrada. “¿Exagerado? ¿Cómo puedes estar tan tranquilo? ¿Eres de hielo? Se trata de La Gata”

Gabriel decidió no seguir por ahí porque a ella parecía molestarle su actitud. Pensó que quizá se trataba de un importante coleccionista y se arrepintió de no haberle pedido más por aquel dichoso cartel.

Durante el trayecto, Gabriel no dejó de mirarle las piernas a la explosiva mujer y ella, consciente, se regodeaba en su consabido atractivo. Bajó el parasol y se miró en el espejo, o eso pensaba Gabriel hasta que ella, nerviosa, dijo: “Creo que nos han localizado. ¿Has seguido el procedimiento?”

Gabriel la miraba alucinado, ¿de qué hablaba aquella mujer? Evidentemente no podía ser de otra manera, era una loca, ¿de qué otra forma si no podría haber ocurrido algo así? Una rubia despampanante no entra en tu coche y te dice: “arranca” sin más. Por lo menos en su vida cotidiana y en la de sus colegas de farra, no era lo habitual.

¿Necesitas que te lleve a algún psiquiátrico o algo así?” La rubia le asesinó con la mirada: “Mira cielo, no estoy para bromitas. Vamos a por el material y hagámoslo lo antes posible porque dentro de cinco minutos vamos a tener a todos los chicos de Blasco encima de nosotros y, creéme, no va a ser agradable. ¿Ves ese Audi rojo? Es el coche de Montes, nos está siguiendo pero no hará nada hasta que recojamos el encargo. Habrá que darle esquinazo”.

Montes, Blasco…Gabriel no salía de su asombro. ¿Quién era toda esa gente?. Entró en la carretera de Barcelona dirección a Barajas pueblo. Al llegar a la salida que debían coger puso el intermitente y ella le dijo: “No. Continúa y entra en el aeropuerto”.

Hizo lo que la rubia le indicaba porque cayó en la cuenta de que probablemente aquel coche rojo sí les seguía. Empezó a ponerse muy nervioso. No podía creer lo que estaba sucediendo. Maldito día… 

Llegaron al desvío del aeropuerto y ella le indicó que entrase al parking de la T4. Así lo hizo. Subió las rampas a toda velocidad y vio cómo el Audi rojo se quedaba parado en una de las barreras de acceso, entonces ella le indicó: “aparca ahí y baja del coche, vamos no pierdas el tiempo y sígueme”. Hizo lo que la rubia le pedía pensando que quizá, fuese excesivo seguirla hasta el final por la ínfima posibilidad de un revolcón mañanero.

Entraron en la terminal y dieron unas cuantas vueltas, ella se cercioró de que habían dado esquinazo al tal Montes y volvieron al aparcamiento, pero a otro diferente del que habían salido. Entonces ella se acercó a un golf nuevo y forzó la cerradura. “Eh, eh, eh, que estás muy buena, pero esto ya sobrepasa mis límites”, dijo Gabriel.

“Vamos. Montes te ha visto y te localizará, ahora sabe que tú tienes La Gata, así que o subes conmigo o la palmas en la T4”, le respondió la rubia muy contundente.

Gabriel se quedó pálido. No pensaba morir por un póster. Subió al coche sin rechistar y ella arrancó bruscamente. Salió del parking a velocidad de vértigo. En cuanto estuvieron en la autovía, Gabriel tragó saliva aunque no pudo articular palabra.

“Bien, dame la dirección”, le instó ella con autoridad mientras conectaba el GPS. Gabriel, aturdido, no podía quitar los ojos de esas interminables piernas que comenzaban en los pedales del coche y terminaban Dios sabe en qué parte de su anatomía. Le indicó el camino y llegaron a su casa.

CONTINUARÁ…

Fotos para una guerra. Encuentra las 7 Diferencias

Posted in General on 14 octubre, 2009 by Monica Marful

ZP Y OBAMAAZORES2

 

 

 

Ya sabéis la mecánica del juego, debéis encontrar las 7 diferencias. Yo me he puesto con ello y esto es lo que he sacado. Aunque parezcan idénticas…

         (… en la foto de la derecha se prometieron efectivos para la Guerra de Irak. En la de la izquierda, igualmente más soldados para la de Afganistán.

          En la foto de la derecha, el presidente americano posa su mano, condescendiente y amiga sobre su discípulo que, satisfecho cual perrito fiel, sonríe. En la de la izquierda, ríe…)

existen al menos 7 diferencias:

  1. En la foto de la derecha se habló abiertamente de “guerra”, en la de la izquierda se miente sobre una “misión de paz”.
  2. En la foto de la derecha, en España había una tasa de paro del 9,04%. En la de la izquierda, en agosto estaba a punto de llegar al 20%.
  3. En la foto de la derecha participaron otros dirigentes europeos (Azores, 2003) además de Bush y su fiel cachorro, en la de la izquierda sólo Obama y su faldero.
  4. En la foto de la derecha no había ningún nombrado en extrañas circunstancias Nobel de la Paz. En la de la izquierda, al menos uno.
  5. En la foto de la derecha los dos dirigentes eran conservadores. En la de la izquierda los dos son liberales.
  6. La foto de la derecha fue el principio del fin del presidente español. La de la izquierda, está por ver. (Aunque me temo que lamentablemente no será así).
  7. Para conocer si existe una última diferencia (amén de las que se me hayan pasado, claro está) debemos esperar al próximo mes de febrero, a la celebración de entrega de los premios Goya. Seguramente en esta edición 2010 nadie se manifieste con un sonoro y políticamente correcto NO A LA GUERRA. No les culpéis, los chicos ya consiguieron su canon.

Elvis ha abandonado el edificio

Posted in General on 6 octubre, 2009 by Monica Marful

ojos2Disfrutaba cada sorbo de aquel reconfortante café. Aunque fría, era una mañana de esas que el sol intenta abrirse paso entre los pocos grados de humanidad de una muchedumbre empeñada en continuar un día más con sus rutinarias vidas.

Noviembre en la capital y Laura tiene que volver a la oficina. Cogió el móvil y puso su alarma. Mañana era el cumpleaños de Alejandra y no podía olvidarse. Se terminó su media hora de imaginaria evasión.

Se levantó de la silla en la barra y sus ojos aterrizaron sobre un libro que el chico de la cazadora negra que estaba saliendo por la puerta se dejaba olvidado junto a ella. Lo cogió y salió tras él. No le había visto la cara pero su espalda estuvo ante sus ojos aquella media hora de reconstituyente asueto.

“¡Perdona!”, dijo en voz lo suficientemente alta para que aquel desconocido se girara y ella pudiera ponerle cara a aquella magnífica trastienda.

“¿Si?” Laura enmudeció, siempre había sido muy tímida, a pesar de ser una chica muy atractiva. Aquellos ojos verdes enmarcados en el castaño de unos rizos de eterno colegial desarmaron su poca autoestima.

“Perdona”, repitió mientras su cerebro se colapsaba mirando aquellos carnosos y sonrientes labios. “Dime”, repitió él. Frío, serio y sobrado, sobrado de chicas que suspiraban por él a cada golpe de sonrisa.

“Nada, que creo que te has dejado el libro en la cafetería”

“Es tuyo, yo ya he acabado con él”

“¿Mío?”, preguntó Laura sonriendo y sintiéndose estúpida al notar cómo sus mejillas se calentaban de tal forma que ya debían haber alcanzado el grado de cocción.

“Sí”, afirmó él sonriendo por primera vez. No era una sonrisa abierta, era una sonrisa de suficiencia. Esa clase de sonrisa que no concebía un no por respuesta. La sonrisa de alguien acostumbrado a ganar. De las que te confirman que no sólo pareces estúpida si no que además lo eres por posicionarte como la enésima víctima en sus redes de seducción a lo largo de esa mañana.

“No es que te lo regale”, dijo riéndose, “es bookcrossing, ¿sabes?”. Laura puso cara de póker.

“A ver, guapa…” Comentó con una asquerosa condescendencia, “dejas el libro “olvidado” para que alguien lo recoja y continúe leyendo”.

Laura estaba absorta mirándole. “Eeeehhh, Tierra llamando a Marte…” Soltó chasqueando los dedos y riendo.

“Aaahhh, vale. Pues.. gracias”. Zanjó Laura al escuchar aquella insolente risotada que le confirmaba que era tonta. Acababan de estropearle la relajada mañana. ¡Pero era taaan guapo!

Laura regresó a la oficina con un sabor agridulce en la boca. Era el chico más sexy con el que había hablado nunca. Eso no admitía discusión, pero también era el más gilipollas. Sin duda un borde sin sentimientos, incapaz de querer ni dejarse querer. Laura se rió de su propia estupidez mientras giraba la llave y entraba en su despacho.

Después de quitarse el abrigo y dejar el bolso no pudo más que coger el dichoso libro. Lo miró.

“VUELTA DE ROSCA” se titulaba el ejemplar. Lo abrió por una hoja al azar y de ella cayó un papel. Lo recogió.

Por una cara había una dirección y una fecha: Claudio Coello, 23, 5º derecha; viernes 12 nov., 11:30. “Pero si ese es el portal de mi fisio, ¡qué casualidad!. Con lo grande que es Madrid…”. Pensó Laura en voz alta.

Por detrás de la nota, una frase: Elvis ha abandonado el edificio.

Le hizo gracia porque la famosa frase le recordó una divertida película que había visto con ese título. Intentó ponerse a trabajar.

A Laura le traicionaba siempre su imaginación. De cualquier pequeñez hacía una historia y aquella mañana se la pasó imaginándose al lector de ojos verdes en aquel piso de la calle Claudio Coello con una morena despampanante que había dado esquinazo a su marido. O con una amiga de instituto a la que no veía desde hacía siglos y celebraban entre sábanas, risas y Moët su reencuentro. O quizá fuera un amigo el de las sábanas… ¿sería gay?.

¿Por qué aquella historia siempre terminaba en la cama? Estaba claro que aquel chico de ojos verdes le había llegado a ese lugar entre el corazón y el estómago que tantas veces te quita el aliento.  Mañana es viernes 12, pensó. No, no. No estoy tan loca.

El viernes se puso un vestido de los que animan la mañana a los albañiles a su paso por un andamio. Minifalda de vértigo, tacón para perder el equilibrio y mucha autoestima. A lo mejor sólo tiene cita con el médico… Se repetía en un vano intento de quitarse la idea de la cabeza.

Eran las 10:30, sólo quedaba una hora para el encuentro y empezó a desechar el plan de hacerse la encontradiza. No podría soportar otra de sus miradas de desdén. Por dios, Laura, se repetía. Sólo le has visto una vez en tu vida. Aún así cogió su abrigo, aquel que no había conocido nunca la palabra discreción. Rojo fuego. Su larga melena rizada destacaba sobre un fondo de encendida pasión. Puso rumbo a la dirección de la nota. Estaba muy cerca de allí.

Enseguida se plantó en la calle Claudio Coello. El portal del 23 tan familiar para ella estaba abierto. Delante de la puerta un cubo con una fregona. El conserje no debía andar lejos. Decidió subir al 5º derecha. Esperaría en el rellano de la escalera y cuando le viera entrar bajaría, vigilaría desde la esquina y al verle salir de nuevo del portal iría a su encuentro. Era un plan perfecto. Las 11:25.

Laura esperaba sentada en el tramo de escaleras que conducen del quinto al sexto. Estaba nerviosa. Apagó su móvil. Se mordió las uñas. Miraba impaciente el viejo ascensor cada vez que éste iniciaba un viaje. Por fin se paró en el quinto. Laura se encogió un poco más en su posición. De nuevo aquellas espaldas que dibujaban la perfección.

Él se giró y pudo ver por un instante aquellos inolvidables ojos verdes. Llamó al timbre mientras ella observaba. Un hombre con traje abrió la puerta. Al verle, su cara y su acto reflejo de intentar cerrar de nuevo, revelaron delantándole el enorme terror que sintió. El chico de ojos verdes le preguntó “¿lo tienes?” El hombre retrocedió unos pasos negando con la cabeza. Laura no pudo evitar pensar que su cara le sonaba.

El chico de ojos verdes le empujó y allí mismo, en la entrada del piso, ante los horrorizados ojos de Laura, le apuñaló en el corazón.

Ella se quedó sin respiración. Se tapó la boca para no gritar. Sus ojos, histéricos, se llenaron de lágrimas de impotencia. Su corazón retumbaba en su pecho y en sus sienes, buscando un hueco por el que escapar.

El chico de ojos verdes cogió su móvil, marcó y se dispuso a hablar por él.

“Elvis ha abandonado el edificio” .  Le oyó decir la famosa frase con su sugerente voz. Estaba claro que todo aquello era un encargo y esta la controvertida contraseña que indicaba que el trabajo estaba realizado.

Podía verle por una rendija, no dejaba de caminar alrededor del cadáver de aquel hombre. Luego vió cómo, después de colgar, hacía una foto del cuerpo con su teléfono para dirigirse con paso firme hacia el ascensor.

Laura intentó no hacer ningún ruido mientras el asesino de ojos verdes esperaba que llegase el elevador. Éste se paró por fin en el quinto. Abrió la puerta y cuando estaba cerrándose, el siempre inoportuno móvil de Laura empezó a sonar. “¡Pero si lo he apagado!”, pensó nerviosa mientras lo buscaba en su bolso. Cuando lo encontró vió que era la alarma. Siempre suena, incluso con el teléfono apagado. Hoy era el cumpleaños de Alejandra.

El chico de ojos verdes ya estaba de pié delante de ella. Sus ojos ya no eran atractivos, helaban. Sus labios ya no eran carnosos, aterraban. Laura empezó a llorar.

“Por favor, no diré nada”

 “Sssshhhh”, dijo él mientras le tendía la mano para ayudarle a levantarse. “Por favor…” suplicaba Laura entre lágrimas. El chico de ojos verdes le pasó el brazo por los hombros y con su guante de cuero le dió un apretón tranquilizador mientras dirigía sus pasos hacia el quinto derecha.

Ella respiró un poco más tranquila, quizá fuera un agente secreto y el muerto un asesino… o tal vez se haya enamorado de mí…comenzó a maquinar su incansable cerebro… eso siempre pasa en las pelis…

Entraron en el piso y el chico de ojos verdes la giró hacia él. “Tienes unos ojos preciosos”, exclamó Laura entre el delirio y la consciencia mientras una bala del 38 penetraba en su sién derecha sin hacer el menor ruido.

A las dos horas subió el portero alarmado por los gritos de la octogenaria vecina del quinto izquierda y su ecuatoriana cuidadora. Encontraron dos cuerpos yaciendo sobre un enorme charco de sangre.

Enseguida el escenario se llenó de policias. Y de periodistas. Al día siguiente toda la prensa coincidía en un titular:

     “CRIMEN PASIONAL EN EL BARRIO SALAMANCA” 

Todo apunta a que los dos cadáveres hallados ayer en la Calle Claudio Coello de Madrid se deben a un crimen pasional. La joven Laura L.C., de 37 años, asesinó al empresario Luis Menéndez, de 36, y luego se suicidó. Al parecer la policía investigaba al exitoso empresario por sus conexiones con la mafia rusa.

Al joven se le había relacionado últimamente con la modelo internacional Karen Stwart motivo por el cual se cree que su supuesta novia Laura, en un ataque de celos, pudo matar a Luis con un cuchillo de grandes dimensiones quitándose después la vida.

El conserje de la finca ha confirmado que conocía a la joven de verla entrar en su portal todas las semanas.

Comunicando…

Posted in General on 2 octubre, 2009 by Monica Marful

tvA parte de todas mis virtudes, que alguna tengo y el que opine lo contrario que no hable ahora y calle para siempre, tengo una manía derivada supongo de mi pasión sádico-masoquista por la comunicación.

Me encanta ver la tele con el sonido en off.

Las imágenes adquieren mucho más valor, captas todos sus detalles, su tiempo se multiplica, se ralentiza, 20 segundos se convierten en algo más que un suspiro -especialmente cuando estás editando un spot y te has quedado corta en el texto- .

Este extraño hobby me lleva a descubrir en ocasiones cosas muy curiosas como que la letra pequeña de los anuncios de coches e hipotecas… ¡se puede leer! (que no asimilar, eso ya después, en el sofá, con tranquilidad).

Cuando no te distrae el audio, los actores de los spots están ridículos bailando y gesticulando sin música y, lo más divertido sucede cuando los realizadores de los programas, con motivo de anunciar la programación,  insertan los rótulos sobre los espacios que en ese mometo se emiten.

Estos son algunos de los ejemplos que recuerdo así, a bote pronto:

Durante un partido del Barcelona en un primer plano de la cara del mortencino Iniesta, el rótulo que apareció fue:

“a continuación, CARNE TRÉMULA“.

La semana pasada durante una entrevista a Rubalcaba, lo que aparecía sobreimpresionado bajo el busto parlante del Ministro era:

“esta noche, GRANJERO BUSCA ESPOSA“.

Realmente no sé si los realizadores no se fijan en estos detalles durante las emisiones o, si por el contrario existe toda una conspiración de “subtítulos subliminales” con intención de dominar las mentes de los absortos televidentes.

Me quedo con esta teoría que es mucho más divertida. Si así fuera y existiera el “Movimiento Sub-Sub”, no sería raro que pronto descubriéramos situaciones como estas:

Sobre una imagen de ZP:

“A continuación, EL FIN DE LOS DÍAS” o bien “MENTIROSO COMPULSIVO” o “LA HISTORIA INTERMINABLE” o “PIRATAS DEL CARIBE”

Cuando salga Esperanza Aguirre, “MENSAJERO DE DIOS”; durante Los Simpsons “THAT’S LIFE”; si es la Vicepresidenta De la Vega, “LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO”; cuando aparezca Laporta, “INDEPENDENCE DAY”; con Leire Pajín, “esta noche encuentro interplanetario: ALIEN VS PREDATOR“; si es Cristiano Ronaldo, “RESPLANDOR EN LA HIERBA” o bien podría ser “ESE OSCURO OBJETO DE DESEO”

Seguiremos muy pendientes a ver si esta tarde, después de la votación en Copenhague, sobre la imagen de Madrid 2016 vemos:

“VOLVER A EMPEZAR”, “SUEÑOS ROTOS”, “EL GRAN DESPILFARRO” o, por el contrario

“DÍAS DE VINO Y ROSAS”, “EL SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO”, ” EL MEJOR” o “ESTA CASA ES UN RUINA” (ups, vaya, esta se me ha colado, lo que hace el subconsciente…)

Habrá que esperar…