Next gas, 25 miles

medallonJueves 24 de septiembre, como sabéis Manuela y yo hemos decidido pasar nuestros veinte días de vacaciones recorriendo Estados Unidos en moto. No quiero que os preocupéis pero nos ha ocurrido algo terrible.

El pasado lunes llegamos a Pensilvania. Venimos desde Nueva York y vamos camino de Ohio. Durante todo el viaje estamos escuchando extrañas historias sobre horribles sucesos que han estado ocurriendo en los últimos días.

Se habla de una pareja de vampiros que está causando muchas y espantosas muertes. No penséis que estamos locos. Al principio nos lo tomamos a broma, como vosotros imagino. Nos reíamos de todos los que nos hablaban de ello. Hasta anoche.

Recorríamos la I-79, habíamos dejado Pittsburgh atrás. Ya sabéis lo dejados que somos los dos. Íbamos sin gasolina. El depósito prácticamente agotado.

Vimos un cartel: “next gas, 25 miles”, unos 40 kilómetros.

En ese momento pasaron dos coches a nuestro lado a gran velocidad. El primero era un coche oficial porque llevaba las banderas de la Unión Europea y de Estados Unidos. El segundo era la escolta. “Qué cabrones, para éstos no hay límite de velocidad”.

Iba un poco nervioso porque sabía que no llegaba a la gasolinera con lo que me quedaba de depósito. Pasamos otro cartel, “next gas, 15 miles” . Intenté apurar al máximo reduciendo la velocidad. Conseguimos recorrer unos 10 kilómetros más y finalmente la moto se paró. Según mis cálculos debíamos estar a unos 5 kilómetros de la dichosa gasolinera. Manuela me dijo que ella no se quedaba allí sola ni muerta, eran ya las 10 y media de la noche y la carretera estaba desierta, así que comenzamos a andar tirando de la moto.

Cuando llevábamos una media hora, el coche oficial y su escolta volvieron a pasar en dirección contraria. A más velocidad incluso que la primera vez. “Qué desgraciaos”, dije, “mira si podían haber parado”. “Ya ves”, me contestó cansada Manuela.

Después de más de hora y media llegamos por fin a la gasolinera. Estaba todo en silencio. Metimos la tarjeta de crédito en el surtidor y repostamos. Nos dirigimos a la tienda para tomar algo y pasar al servicio. Entramos en el local. El espectáculo era dantesco.

Los dos dependientes yacían en el suelo. Estaba todo destrozado. Había manchas de sangre en las paredes como si hubiesen lanzado as las víctimas contra ellas. Los dos chicos hispanos tenían los cuerpos retorcidos y al acercarnos más, entre gritos de Manuela y palpitaciones de mi corazón pudimos distinguir dos pequeños orificios en sus cuellos. Manuela salió corriendo y yo detrás.

Al pasar cerca de uno de los chavales algo se enganchó en la hebilla de mi bota. No hice caso, tiré y nos largamos de allí lo más rápido que pudimos.

En absoluto silencio llegamos a un motel. No sé cuánto tiempo había transcurrido. Subimos a una habitación a descansar.

En mi bota llevaba enganchado un medallón de plata con una piedra color truquesa en el centro.

A la mañana siguiente me conecté con mi notebook para ver si decían algo acerca del “incidente” de la gasolinera. Lo primero que encontré fue una foto del presidente español, su familia y los Obama tomada con motivo de la reunión del G20. Nos quedamos petrificados al verla.laszapatero2

“Dios mío, Pablo”, dijo Manuela horrorizada, “ese medallón…”. “Mira el medallón de la rubia…”

No había ninguna duda, era el que yo tenía en mi mano.

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4 comentarios to “Next gas, 25 miles”

  1. jajaja desde luego tienen toda la pinta de pertenecer a una secta satánica…
    Muy buena la historia.

  2. jeje, sí a la secta “Las hijas del Mal…(gobierno)”

  3. Que bueno, me parto!

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